miércoles, 22 de junio de 2016

Nací para complacer


Nací para complacer y lo que nunca me contaron es que puedes morir en el intento.

Muerta. Fría. Afligida. Engañada. Y muy decepcionada. Mucho. Cansada de un mundo que maltrata con sus exigencias y que, a cambio, es muy poco dadivoso. El mundo o, ¿hablaría más adecuadamente si dijera, la gente de este mundo?

Por miedo a abrir heridas de los que más quería siempre tuve que silenciar mis deseos. He navegado por esta vida entre curvas sin señalizar quedando arrasados, como consecuencia, aquellos sueños y anhelos que un día me hicieron sentir viva. Luché contra viento y marea, intentando la ardua tarea de conciliar un carácter luchador y reivindicativo con la necesidad de complacer a los de mi alrededor.

Mala combinación.

Nací siendo la última de una familia que pasó por dificultades, como todas. Mi niñez, no fue el mejor recuerdo de mi corta vida, pero tampoco puedo lamentarme por haber tenido que madurar antes de lo que me hubiera gustado. Entre otras razones, porque me gusta ser como soy. Nací a la sombra de los que siempre me eclipsaban con la excusa de la longevidad. No solo fui la última sino también la pequeña. Pequeña y última. Última y pequeña. Qué más da. A estos dos atributos hay que añadir el cinismo de genero de la sociedad en la que vivimos. Sí, nací hembra. A que mala hora. No solo como objetivo de sustituir a la que nunca conocí bajo la penumbra de sus recuerdos. No solo eso, sino que además mujer con la sensibilidad que ello implica. Odio tener sentimientos. Desearía, cual autómata por la vida, caminar diariamente con mi mejor sonrisa. Sonrisa rebosante de hipocresía mientras miro a los ojos a aquellos que dicen ser mis parientes mientras confiesan erróneamente quererme.

Pero yo no soy así, rápida en aprendizaje, doy gracias a mis mentores que me enseñaron cada día a reforzar mis armas con la coraza de la apatía, que crece a marchas forzadas por todo mi ser. Y es que, para sobrevivir en esta escoria de planeta Tierra, hay que regar continuamente con lagrimas de agua salada el escudo que protege el corazón, para que crezca y se haga cada vez más suspicaz e indiferente, ayudándote así a no fiarse ni de uno mismo.

Aprendí a que me dieran igual las cosas, pero no lo conseguí. Aprendí a mirar a los demás como un ejemplo a seguir, siendo ese mi mayor error. Aprendí a crecer emocionalmente con la satisfacción de generar felicidad a los demás, sin saber que tenia que haber empezado conmigo misma. Aprendí que puedes hoy darlo todo por alguien, y mañana eres un completo desconocido. Aprendí a ser independiente, a apartarme de los demás, a marcharme de mi país, a alejarme de las personas que más quería. Aprendí a no creer en nada ni nadie. Es más, ya creo más en el Cielo por aproximación, que por la Fe en sí misma.

El famoso genio y figura hasta la sepultura, es un tópico para otros. Habéis enterrado en vida el líder que llevaba dentro. Habéis acabado con mi personalidad, que aunque fuerte e independiente, no era invencible. Habéis acabado con mi felicidad y esperanza. Os comportáis cual ratas que huyen de entre los escombros en busca de construir vidas arrasadas al azar, llenas de mentira y codicia. Es hora de cambiar, es tiempo de respetar a esta servidora. Ahora es mi turno. Ahora soy yo la que merece años de soledad para aprender de nuevo a confiar, salir de mi gélida cueva y, por supuesto, esperando respeto y comprensión.

Nací para complacer y es hoy, después de mas de treinta años, que aprendí que no siempre llueve a gusto de todos. Que hoy dejo de ser quien era para caminar descalza por las ruinas de esta astuta Babilonia. No toquéis mi corazón, no lo molestéis nunca jamás. No tenéis el permiso ni el consentimiento.

Pero como mi conciencia tiene más peso que la opinión de todo el mundo, hoy y ahora es el momento de hacer un alto en el camino. Me rindo en silencio, mientras me retiro con sigilo.

Ya no soy la pequeña, ni la última, ni una mujer, ni la segundona. Soy una persona adulta, con su vida propia, su joven familia y su independencia inquebrantable. Vive y deja vivir. 

Ya no estoy para complacer a nadie.

Y a quien no le guste, ahí tiene la puerta. Pues yo, ya estoy muerta.

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