sábado, 18 de abril de 2015

Soledad


Cada mañana se despertaba con propósitos varios. Llegaba a la escuela de negocios donde estudiaba y antes de entrar en clase recogía los periódicos que en la puerta le esperaban, uno de economía y el de turno que elegía en función del partido político al que apostara. Nunca tuvo su fuerte en política por lo que iba alternando según lo que decía la portada cada día. Mientras esperaba que la clase comenzara leía las noticias, pues le gustaba saber como estaba el mundo que la envolvía. Le gustaba estudiar, siempre le había gustado formarse  e ir a clase para prepararse y ser grande en un futuro. Responsable y trabajadora, así la definían.
El día pasaba sin novedad, solo esperaba que continuara para poder hacer todo aquello que le gustaba, poner en marcha sus hobbies que pacientemente esperaban. Dar un paseo con su perro a la caída de la tarde para encontrarse con su Dios, jugar a futbol cada noche con el equipo al que pertenecía,  leer en su sillón rojo la novela de turno, salir al cine con los amigos, visitar la casa de su hermano para cenar o simplemente estudiar algo, para llevar al día las tareas universitarias.
Hace muchos años de eso ya.
Se encuentra volando a tierra extraña y sentada en su asiento mientras mira por la ventana se da cuenta de cuánto la vida le ha cambiado en apenas unos años. Piensa con melancolía que ya no hace nada de deporte (menos todavía juega a futbol, su gran pasión), ya no lee las noticias ni aún estando tan lejos de su ciudad natal, apenas habla con Dios, lo siente lejano y distante. Dice no tener tiempo para todo eso.
“Ya no tengo vida, ni ocio, ni tiempo para mi”. – Se dice para sus adentros. “Ahora solo trabajo y trabajo y, en cierto modo, aunque me hace feliz lo que hago, no tengo vida”. Continua divagando mientras sobrevuela varias islas del sur del Caribe. “Ya no salgo a pasear ni disfruto de mi soledad”.
Soledad. Esa palabra que tanto odias cuando es imperativa y, a su vez, tanto anhelas cuando por voluntad propia la buscas.
Es una persona que le gusta  analizar las circunstancias de la vida, diligentemente se acomoda en el asiento y con determinación y dureza se regaña para sus adentros. “La sociedad del dinero te esta absorbiendo, no paras para recapacitar y poco a poco te estas consumiendo”. Es cierto que había perdido algún kilo más, que comía y dormía poco y mal, que se sentía débil de salud. Los dolores de cabeza eran continuos, la espalda no la dejaba acomodarse por las noches y que el nivel de estrés al que estaba sometida era devastador.
Soledad. Echaba de menos, sus dosis de soledad intencionada.
Últimamente habitaba más en un avión que en su hogar.  Las millas se habían vuelto sus compañeras y mientras el vuelo estaba a punto de tocar tierra se hace una promesa: parar el ritmo. Independientemente de que su historia ha cambiado, que ella ha cambiado, que ya no ve la vida como hace años la veía, que la relativización se ha convertido en una constante cada vez mayor en su visión de las cosas, se da cuenta que es feliz.
Feliz.  Y dejarme deciros amigos míos que encontrar la felicidad no es sencillo.
Ha encontrado su lugar, su gente que la quiere, su propósito. Se conoce a la perfección, ella misma más que nadie sabe lo que quiere y lo que busca. Y lo ha encontrado. Hace años tenia todo lo que ahora echa de menos y no se sentía llena. Sin embargo y sin saber la razón, ahora cada mañana se levanta con fuerza, impulso y motivación elevada a la máxima potencia a pesar de que necesita un cambio. Incongruencias de la vida, paradojas sin explicación.

Quizá si haya una explicación, pero ella simplemente la evidencie. Muy suya, siempre lo fue, misteriosa, intima consigo mismo,  mujer que reserva sus tesoros para que nadie los pueda sabotear. Una joven fuerte, luchadora e independiente. Muy independiente. Repelente de sentirse metida en una jaula, carente de dar explicación alguna, alma libre y rebelde, antagonista de la ley. Eso es lo que le falta. Le falta sentirse de nuevo propia de si misma. Se siente observada, cohibida y muy controlada. Quiere menos compartir y más reservar. Profundiza y manifiesta que nadie es merecedor del conocimiento de su interior. Muy suya. Muy fan del tiempo de calidad. Tiempo para ella y para nadie más. Tan hombre en muchas ocasiones, loca por la búsqueda de su cueva. Una cueva donde quiere correr para no volver, anhelando encontrar un momento de eso que llaman soledad.