lunes, 20 de julio de 2015

Y entonces llegó Carmen

Ella me dijo que quería volver a leerme. El me inspiró con una foto para saber sobre qué escribir. Hoy, el lápiz volvió a tomar vida. 



Miami, Domingo 19 de Julio de 2015

Hola Yaya, 

Supongo que estarás dormidita, muy tranquila y con la paz que siempre tu rostro desprendía. Ahora con mayor razón, me gustaría verte por un agujerito mientras descansas, y hasta en algunas ocasiones te confieso que me gustaría poder hacerte compañía. Estoy aqui para contarte algo muy especial: vas a ser la yaya vieja de tu quinto bisnieto. Bueno, mejor dicho bisnieta. O eso nos han dicho.

Sé que no es la ilusión del primero, pero yo tampoco lo fui y tengo constancia absoluta que me quisiste como al primero o más si es que cabe. Por lo que de nuevo me dirijo a contarte mis más íntimos pensamientos. Ojala estuvieras aquí para podértelos narrar en persona, pero esta vez, y como viene siendo habitual desde hace mas de diez años, lo haré en mi máximo silencio disfrazado de letras frías en un blog que es leído en todo el mundo. Y es que, aunque no sabes lo que es internet y aunque siempre has querido pasar desapercibida, eres una persona conocida en las redes sociales, en mis redes de amigos, que no son pocos. 

Carmen. 

Que precioso nombre. Ese nombre que llevo tatuado en mi corazón y siempre cuelga de una esclava de oro en mi muñeca derecha. Ese nombre que desapareció de mi vida hace exactamente doce veranos y que no pasa ni un solo día sin que mis entrañas lloren por la ausencia de los cuidados que proporcionabas. Hoy, después de tantas noches en vela y lagrimas derramadas recordándote, sigo pronunciando con mis labios ese nombre sin que, esporádicamente y de manera fortuita, alguna nueva emoción resurja en mi alma. Tu nombre. Cada vez que alguien lo entona suena como música para mis oídos.  Ese nombre que será personificado de nuevo en un pequeño milagro que correteará por la casa a partir del 2016 en honor a la persona más maravillosa que jamás ha pasado por mi vida. Con anhelo desearía que estuvieras aquí solo para comprobar como se te hincha el corazón de orgullo y satisfacción. Y es que es por ti y para ti, este precioso regalo divino que Dios nos ha podido ofrecer.

En tu honor.

Heredera de tu legado, eso es lo que quiero para ella. Tu ejemplo como persona, tu integridad, tu humildad, tu continencia. Ojala fuera capaz de enseñarle una sola parte de las cosas que a mi enseñaste. La más valiosa y la que menos dispongo, dominio propio. Yaya, tu dominio propio. Tu sobriedad y serenidad ante los problemas de la vida. Ante las injusticias. Eso que me cuesta tanto controlar y que continuamente me culpo cuando se desvanece una templanza que en tantas ocasiones brilla por su ausencia. Y es que las personas, las situaciones, la época en la que vivimos están corruptas y muchas veces no ayudan. Sin embargo, le hablaré cual historia infantil se tratara de las cosas maravillosas que hacia una señora mayor con su nieta cada tarde. Le permitiré que pueda experimentar el amor incondicional categorizado como el amor de abuelos. Le contaré de donde viene su nombre y por qué su mamá siempre buscaba el regazo de su yaya cuando estaba triste, pues era ahí el único lugar donde su paz era encontrada. Y es que, cada casa, necesita una yaya en ella. Porque yo tenia una madre, una maestra y una abuela disfrazada de una amiga. 

Te echo de menos, una vez más y sobre todo, en momentos como este. ¿Dónde te encuentras cuando mi vida se parte en silencio preguntando por ti?, ¿cuándo el frio de tu ausencia me cala por los huesos en un profundo silencio que me aleja de ti?  El sol se apagó, la luna dejó de existir. Ya han pasado muchas noches desesperadas suplicando que volvieras a mi. Sentimientos agridulces disfrazados de una felicidad real y esperanzada por presentarte mis retoños cuando estemos en el cielo, si es que allí nos vemos. O quizá junto a la ribera hermosa del rio, como dice la canción, quien sabe. 

Apenas estoy encinta (como dirías tu) de 15 semanas y la mayoría del tiempo me siento ajena de la realidad de que una segunda vida esta creciendo dentro de mi. Sólo mis momentos de lucidez o de contemplación absoluta me doy cuenta de lo grande que está pasando en mi vida.  Y es que, el hecho de ser madre es algo grande que no se puede describir incluso cuando técnicamente todavía no lo eres. Incongruencias de la vida que se convierten en realidades existenciales. A nadie le enseñan a ser mamá, ni a hacer las cosas de la manera correcta, pues al final del camino hasta la verdad en ocasiones es relativa. Solo espero que con la ayuda de Dios y con tu patrón de comportamiento real en mi niñez, pueda saber como encomendar a la que será mi primogénita y los que vendrán.

Educar a una mujer virtuosa, porque su estima sobrepasara largamente a la de las piedras preciosas (Prov. 31:10), ¡que gran encomienda! No se si seré capaz, a veces me vienen las ganas de salir corriendo. Me siento perdida. Mi único sueño es que estuvieras aquí para ayudarme y para, sobre todo, disfrutar de estos momentos, que desde tu sillón observarías con una sonrisa que llenaría de paz mi corazón.


Hasta entonces, un beso en la frente, como siempre. 

sábado, 18 de abril de 2015

Soledad


Cada mañana se despertaba con propósitos varios. Llegaba a la escuela de negocios donde estudiaba y antes de entrar en clase recogía los periódicos que en la puerta le esperaban, uno de economía y el de turno que elegía en función del partido político al que apostara. Nunca tuvo su fuerte en política por lo que iba alternando según lo que decía la portada cada día. Mientras esperaba que la clase comenzara leía las noticias, pues le gustaba saber como estaba el mundo que la envolvía. Le gustaba estudiar, siempre le había gustado formarse  e ir a clase para prepararse y ser grande en un futuro. Responsable y trabajadora, así la definían.
El día pasaba sin novedad, solo esperaba que continuara para poder hacer todo aquello que le gustaba, poner en marcha sus hobbies que pacientemente esperaban. Dar un paseo con su perro a la caída de la tarde para encontrarse con su Dios, jugar a futbol cada noche con el equipo al que pertenecía,  leer en su sillón rojo la novela de turno, salir al cine con los amigos, visitar la casa de su hermano para cenar o simplemente estudiar algo, para llevar al día las tareas universitarias.
Hace muchos años de eso ya.
Se encuentra volando a tierra extraña y sentada en su asiento mientras mira por la ventana se da cuenta de cuánto la vida le ha cambiado en apenas unos años. Piensa con melancolía que ya no hace nada de deporte (menos todavía juega a futbol, su gran pasión), ya no lee las noticias ni aún estando tan lejos de su ciudad natal, apenas habla con Dios, lo siente lejano y distante. Dice no tener tiempo para todo eso.
“Ya no tengo vida, ni ocio, ni tiempo para mi”. – Se dice para sus adentros. “Ahora solo trabajo y trabajo y, en cierto modo, aunque me hace feliz lo que hago, no tengo vida”. Continua divagando mientras sobrevuela varias islas del sur del Caribe. “Ya no salgo a pasear ni disfruto de mi soledad”.
Soledad. Esa palabra que tanto odias cuando es imperativa y, a su vez, tanto anhelas cuando por voluntad propia la buscas.
Es una persona que le gusta  analizar las circunstancias de la vida, diligentemente se acomoda en el asiento y con determinación y dureza se regaña para sus adentros. “La sociedad del dinero te esta absorbiendo, no paras para recapacitar y poco a poco te estas consumiendo”. Es cierto que había perdido algún kilo más, que comía y dormía poco y mal, que se sentía débil de salud. Los dolores de cabeza eran continuos, la espalda no la dejaba acomodarse por las noches y que el nivel de estrés al que estaba sometida era devastador.
Soledad. Echaba de menos, sus dosis de soledad intencionada.
Últimamente habitaba más en un avión que en su hogar.  Las millas se habían vuelto sus compañeras y mientras el vuelo estaba a punto de tocar tierra se hace una promesa: parar el ritmo. Independientemente de que su historia ha cambiado, que ella ha cambiado, que ya no ve la vida como hace años la veía, que la relativización se ha convertido en una constante cada vez mayor en su visión de las cosas, se da cuenta que es feliz.
Feliz.  Y dejarme deciros amigos míos que encontrar la felicidad no es sencillo.
Ha encontrado su lugar, su gente que la quiere, su propósito. Se conoce a la perfección, ella misma más que nadie sabe lo que quiere y lo que busca. Y lo ha encontrado. Hace años tenia todo lo que ahora echa de menos y no se sentía llena. Sin embargo y sin saber la razón, ahora cada mañana se levanta con fuerza, impulso y motivación elevada a la máxima potencia a pesar de que necesita un cambio. Incongruencias de la vida, paradojas sin explicación.

Quizá si haya una explicación, pero ella simplemente la evidencie. Muy suya, siempre lo fue, misteriosa, intima consigo mismo,  mujer que reserva sus tesoros para que nadie los pueda sabotear. Una joven fuerte, luchadora e independiente. Muy independiente. Repelente de sentirse metida en una jaula, carente de dar explicación alguna, alma libre y rebelde, antagonista de la ley. Eso es lo que le falta. Le falta sentirse de nuevo propia de si misma. Se siente observada, cohibida y muy controlada. Quiere menos compartir y más reservar. Profundiza y manifiesta que nadie es merecedor del conocimiento de su interior. Muy suya. Muy fan del tiempo de calidad. Tiempo para ella y para nadie más. Tan hombre en muchas ocasiones, loca por la búsqueda de su cueva. Una cueva donde quiere correr para no volver, anhelando encontrar un momento de eso que llaman soledad.

sábado, 21 de febrero de 2015

Nicaragua conquistó España


Nuevamente recién aterrizada a ciudad extraña, por motivo fortuito me llevó a aquella iglesia un húmedo y caluroso día de Agosto. Hacia muchos, pero muchos, sábados que eso no pasaba. Últimamente nada ni nadie me motivaba y aunque estar en un lugar tan cálido y agradable como Miami no era algo que me entusiasmara, pensé que había que dejar atrás mi tierra y los pensamientos melancólicos para dar paso a una nueva aventura. Así comenzaba el cuarto año lejos de casa, un nuevo lugar, un nuevo hogar, nuevos amigos, un nuevo trabajo y, como consecuencia, una nueva vida.

Y menuda nueva vida me esperaba.

Me había hablado de ella y de su maravillosa familia en varias ocasiones, me había intentado meter por el ojo algo que no conocía y no sabía muy bien si quería conocer. Estaba en ese momento de la vida en la que no  quieres poner muchas expectativas en algo o en alguien para no hundirte más con decepciones. Me caracterizo por ser amiga de muchos pero íntima de pocos. Valoro la amistad hasta tal punto que soy muy fiel a mis auténticos amigos de siempre y cruzar las barreras de intimar con nuevas amistades me cuesta un mundo. Así que cuando acabó el culto, llegó el momento de saludar y socializar. Nada mas lejos de la realidad sería si dijera que estaba a gusto. Lo único que quería en ese momento era salir corriendo, es lo único que te apetece cuando tienes el corazón y la mente en una maleta sin deshacer procedente de España. Pero ahí estaba ella, como cada sábado, una mujer hecha y derecha, con sus taconazos y su planta elegante, en su estado de buena esperanza cumpliendo su séptimo mes y, además, cargando en sus brazos su primer varón de 3 años. Aunque la ignoré y no presté mucha atención, en aquel momento nunca imaginé que se convertiría en lo que hoy es en mi vida.

Poco a poco y sin darme cuenta, tras reuniones de jueves con amigos, alguna que otra noche de cine y varias tardes entre juegos y risas, entró mi curiosidad por conocerla más. Cuando tienes en tu vida un tipo de amistad que además cubre todas tus expectativas, o incluso un tipo de amor que llena todas tus entrañas, es difícil dar cabida a poco más. Sin embargo, tras un año duro, lleno de altibajos y de inesperadas decepciones, ella supo apreciar un hueco donde algo intangible quedó vacío. Muy observadora desde la distancia percibió algo enigmático en mí y aunque me consideraba complicada e inaccesible, luchó y decidió querer saber más y más de lo que había detrás de una mirada perdida y un corazón cerrado. Su interés diario desenmascaraba un amor incondicional que yo desconocía y que ahora viéndolo en retrospectiva después de mas de un año, solo puedo emocionarme de su sutileza y elegancia por conquistar mi corazón.

Y así lo hizo.

No sé cómo pero lo hizo, tampoco se cómo pudo conseguir llenar mi vida de color e ilusión o cómo pudo bailar junto a un festín de sentimientos perdidos, pero lo que si sé es que nadie ha conseguido lo que ella ha alcanzado: llenarme y lo mejor de todo es que ha sido sin apenas darme cuenta (pues no podría haber sido posible de otro modo). Quiero pensar que en la vida todo cambia, dejaré sorprenderme cada día como ella sólo sabe hacerlo. Quiero crecer junto a ella pues la paz que me transmite me hace sentir que todo saldrá bien. Quiero volver a llegar a sentir con todo el alma.

Sus miradas, su interés, sus preguntas, sus mensajes y llamadas, su tiempo a fondo perdido (o no tan perdido), despertó en mi esa parte que ya no estaba atendida por nadie, desde que me fuí a un país lejos de mi gente se había ido muriendo paulatinamente,  pero que aunque yo no quería verlo estaba creciendo algo dentro de mi. Se abrieron de par en par las fronteras, Nicaragua conquistó España tan rápido y tan profundo que de pronto todas mis miradas cabizbajas levantaron el vuelo para dar cabida a nuevos planes y sueños por cumplir.

Y cuando eso pasa, para mi ya no hay marcha atrás.

No es la altura, ni el cuerpo, ni la belleza lo que la hace una gran persona. Es el corazón tan grande que tiene, la humildad sincera que derrocha y la inteligencia emocional tan desarrollada que posee, lo que la hace tan sumamente especial para mi. Será que es una madre modelo, que me enseña su coraje para sacar a su hijos adelante. O será que es una mujer empresaria luchadora, que me enseña una ambición de superación inigualable. O será que es una esposa perseverante y paciente que me enseña a tener una actitud más amable. O será que es una cristiana fiel que me enseña su amor por Dios y a tener un corazón limpio. O será que es una persona tremendamente segura de sí misma, extremadamente educada y madura, con un saber estar envidiable y que me enseña cada día a ser mejor persona. O será que es una estupenda profesora de ingles, que me ayuda a mejorar y superar las barreras lingüísticas con su perfecto bilingüismo. O, indiscutiblemente, será que es la mejor de las amigas por su amistad incondicional que rompe las barreras de la gratitud y el cariño.  Será lo que sea, pero así es ella, diferente e irremplazable.

Y es que con el fin de ser irremplazable uno debe de ser diferente.

Fiel hasta los tuétanos, sagrada es para mi la amistad hasta tal punto que mis palabras no pueden describir algo tan sublime. Ya se fue ese deseo de partir para no volver, pues muy difícil será separarme de ella.  Me jodí. Ya nada será igual, ya sé que siempre tendré el corazón partido. La llevo tan dentro de mi, que ya no se podrá borrar tal sentimiento. Aunque esté lejos, sé que siempre la sentiré cerca, con sus gestos cálidos y atentos que siempre hacen sentir especial a quien tiene al lado.

Hoy, doy gracias a mi esposo, por presentármela. Agradecida es poco para decir como me siento. Gracias le doy por elegirme, por quererme con mis defectos y, a pesar de ellos, quererme aún más si cabe.  Por no intentar cambiarme aunque seamos diferentes, por demostrarme esa ternura que esconde diariamente. Gracias por prometerme que siempre estarás ahí, por ese gesto lleno de valor, por esa mano suave que me cuida, por ser una realidad en mi interior. La vida te sorprende con regalos improvisados y melodías perfectas que llegan al corazón.  Gracias por hacerme ver que soy tu inspiración, pero para mi es mayor la  bendición  de tener quien me inspire, y esa mi querida Amy, eres tu. “Pues nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” Juan 15:14