miércoles, 24 de julio de 2013

Cuatro letras son más que seis

Eres un desastre. Un autentico desastre. Tienes mucha desfachatez así como poca vergüenza. Te crees Dios pero no llegas ni a santo. Te crees libre pero vives enganchado a unas cadenas que tienen por nombre perdición, la perdición de tu propio egoísmo. Y llevas a muchos detrás de ello. Poco a poco. Lentamente. Con sutileza. 
Poco es decir el desprecio que siento por ti y por tu forma de llevar a la ruina la vida de muchos a los que amamos, a la ruina a cada uno de nosotros. Mentiras y calumnias disfrazadas bajo el manto de una verdad efímera. Llámalo trabajo, llámalo amor, llámalo sexo, llámalo X. Eres despreciable y más que todo eso, eres deplorable. Te presentas en nuestras vidas como el más mísero de los amigos, poco a poco, metiendo tu aguijón por la espalda sin que nada ni nadie pueda hacer nada al respecto. Te aprovechas de las vacas flacas de nuestras vidas. Golpe bajo. A eso en mi tierra se le llama Cobardía. 
Patetico.
Que sepas que hay algo más grande, con un nombre más corto y con mucha más fuerza. Cuatro letras son más que seis aunque en la mecánica cuántica esta ley no tenga sentido alguno. Te crees fuerte, incluso quizás seas el dueño de este mundo pero no del universo. Te crees el amo de nuestras vidas finitas pero no de las eternas. Ríes ahora, mientras nosotros lloramos por nuestras desgracias, desgracias ocasionadas por tu causa, pero llegará el momento en el que te perderás en el abismo de tu codicia y desaparecerás tan rápido como un caramelo en la puerta de un colegio.
Hipócrita. 
Llamas a la puerta con esa sonrisa fingida, nos enseñas quimeras inexistentes, nos pintas la holografía de una vida "perfecta" alegando felicidad eterna y control absoluto de un mundo que solo y únicamente tiene un dueño. Y, por más que te pese, tu no eres el afortunado de serlo. Nunca lo fuiste y nunca lo serás. Puede que ganes la batalla de mi vida, o la de la gente a la que tengo cerca o a generaciones enteras, pero no ganaras la guerra final. Porque tu no lo sabes, pero estas en el equipo de los perdedores. Aunque un día estuvieras en el de los ganadores, hoy por hoy y desde hace muchos años atrás has dejado de estarlo para pasarte al lado del fracaso. Tu y a todos los que arrastras hacia el cambio, cuando menos lo esperamos, cuando más necesitamos del apoyo y la comprensión, llegas como un beso en la frente, un vaso de agua fresca que al pasar por la garganta es gloria y con el paso del tiempo quema, quema hasta el punto de desgarrar por dentro. Es entonces cuando nos vemos metidos en una espiral sin sentido, consumidos por la perversidad y vileza que solo tu y los tuyos aportan. Porque no sabes más que eso, traer maldad a nuestras vidas. Y nosotros tan ignorantes, nos dejamos llevar, creyendo que es un derecho que tenemos. Derecho al tener control absoluto de una vida dada como un regalo y que ya por eso nos creemos con el privilegio de tirarla a la basura. Y encima lo sabemos. Pero seguimos haciéndolo. Encima nos gusta. Cada vez lo disfrutamos más y más, hasta verlo como algo normal. Algo intrínseco en nosotros, cual tabula rasa que viene dada bajo un standard de fabricación defectuosa. Olvidando lo que un día fue. Lo que un día aprendimos en la inocencia de nuestra niñez. Y lo más paradójico de todo este circo es que al final de la corrida ni eres más feliz, ni te sientes más libre, ni has alcanzado la grandeza por la que luchabas. Simple y llanamente, eres un esclavo de tus propios sueños que siempre serán eso, sueños, y encima inalcanzables porque has ido por el camino equivocado. 
Y entonces me rasgo la piel pensando lo ignorante que fui cuando deje que entraras en mi vida para dejarla patas arriba. Entonces me doy cuenta que soy humana, muchas veces autómata. Pero humana. Que aun tengo algo en mi materia gris que hace la diferencia y me da  la capacidad de rectificar. Que ya te has llevado a muchos por el camino que no tienen vuelta atrás porque no están, que hay muchos que están cual fieles súbditos a tus filas y que vendrán muchos más a los que te juraran una inconsciente obediencia. Pero hoy, aun estoy a tiempo. Solo espero no dejar "out of order" lo único que me queda, mi conciencia. Que mi capacidad de discernimiento para ese momento no haya dejado de ser eficaz y que no se haya fundido el indicador de peligro. Hoy, una vez mas, te planto cara. Déjanos vivir en paz. Olvídate de mi y de los que tengo cerca, porque yo no voy a dejar de caer de rodillas para orar. 
Y ante eso, nada puedes hacer. 
Quien quiera entender que entienda.