miércoles, 27 de marzo de 2013

A mi nadie me preguntó...


A mi nadie me preguntó hace tres décadas si quería venir a este mundo. A mi nadie me dijo si quería ser un perro con pedigree, una bicicleta de carretera o un frondoso árbol.  A mi simplemente me plantaron en una sociedad triste y sin sentido, donde la vida tan bonita que te pintan en las películas es toda una farsa. Me dejaron en forma humana en una sociedad en la que cuando intentas ser mejor y crecer, te cortan las raíces para convertirte en un ser desequilibrado y sin futuro.

Hoy y hace meses, Dios brilla por su ausencia. Por lo menos en mi vida.
Volvemos a lo de siempre. Tal día como hoy nos encontrábamos hace diez años celebrando tus últimas 75 primaveras. Hoy cumplirías 85 y seguirías tan preciosa como siempre. Con esa mirada que únicamente deprendía ternura y amor. Con esas palabras que llegaban al fondo del corazón y arrancaba con un aire huracanado cualquier dificultad en el camino. ¿Y de que sirve? Si tu te fuiste. Ellos se van. Todo se acaba. Esta vida es una broma de mal gusto. Y aquí nadie nos pregunta. Las cosas van pasando y aunque tu quieras ir a la derecha, tienes que ir a la izquierda. Aunque tu quieras tener cerca a la gente que amas, unos se van en contra de su voluntad y otros porque simplemente quieren joderte la vida. Nada es para siempre.
Hoy estoy cabreada, con el mundo y con quien lo ha creado.
Me he cansado de esperar. Me he cansado de ser paciente. Me he cansado de intentar hacer siempre lo correcto. Me he cansado de luchar por algo que no tiene ni principio ni final. Estamos ante un circo de títeres sin corazón. Ante un sin fin de veletas que cambian tu amistad por el primero que le baila el agua al son sinfónico de la falsedad. Hoy te quieren como lo máximo en esta vida, mañana desparecen  de tu existencia. Eso si, vuelven cuando algo va mal con el rabo entre las piernas o cuando la soledad grita tan fuerte que no escuchan ya la razón de su agonía. 
Yo he luchado hasta aquí por ti, por reencontrarme contigo. Pero después de tantos años que te fuiste, ya no sé ni lo que siento. Después de tantos sueños rotos y anhelos perdidos ya no tengo ninguna fuerza para continuar hacia adelante. He visto mucho y aquellos que un día prometían y parecían ser rocas y estandartes no han sido más que paja que se desvanece por el fuego de su egoísmo, sin atender a razones de los que detrás arrastran. Tu siempre has sido mi motivación y fortaleza y hoy apenas te recuerdo en la distancia con las manos desgastadas y el susurro de tu voz perdido en la distancia.
Y hasta aquí he llegado. Parar el tren de esto que llaman vida que yo me bajo.
Hoy empieza una nueva etapa para mi. Una etapa donde dejaré atrás el ejemplo y la auto disciplina. Una etapa donde la conciencia no tiene cabida. Una etapa donde mi amor no se convertirá en carnaza para los perros. Una etapa donde dejaré de luchar por nada ni por nadie. Una etapa donde recojo mis bártulos y me oculto de la presencia de aquellas personas que lo único que han hecho es desechar mi atención y cariño. Porque para esta sociedad, ser buena es como ser tonta. Y yo de tonta no es que no tenga un pelo, es que no tengo nada.
Hoy no escribiré una entrada repleta de monsergas y buenas intenciones y, sin que sirva de precedente, tampoco quiero que me las den.  Yo he leído mucho, he pasado mucho y he visto mucho. Mucho. Abstenerse, pues, de decirme una y otra vez que tengo un corazón que se me sale del pecho. Porque no quiero oírlo. Porque no es una garantía para protegerlo. Y porque requiere de una coraza que nunca nada, ni nadie debe traspasar. Ruego que me dejéis hacer estos cambios en mi vida y si probablemente no sabes más de mi, es porque quizá tu eres uno de ellos. Porque lo he intentado todo, me he tragado mi orgullo, me he sublevado hasta la base de mi humildad, con tan poco acierto que hasta aquí han llegado mis buenos propósitos. Cada uno acepta el amor que cree merecer. Y yo no merezco menos. Porque doy mucho más.  Dejar de mendigar la basura que ofrecéis y dárselo a los pobres desalmados que no desean nutrir su espíritu. Porque yo si quiero nutrir el mio. Y mucho.  No me conformo con la mediocridad que me dais haciéndome sentir vacía y hueca.  Solo son unos pocos, los que han estado ahí y, a todos ellos, os aseguro que cuando salga de esta y llegue a donde tengo que llegar, cada gesto que se haya hecho en mi favor será premiado. Sin embargo, no gratificaré a quienes no me apoyaron. 
Detesto la sociedad en la que nos ha tocado vivir donde la conveniencia corre a un ritmo tan devastador que ha hecho perder todos los valores que la gente haya podido tener. Mientras todos se arriman al sol que mas calienta, nadie se pregunta para que venimos a este mundo, al igual que nadie se pregunta cuando queremos desaparecer de él. En cualquier caso, tenemos solución a una de las dos preguntas. Y si Dios y sus promesas se desvanecen poco a poco de tu vida, la respuesta de una de ellas es simple y más que evidente.
Felicidades yaya, dicho sea de paso. Sinceramente, ya dudo mucho que nos veamos algún día.