viernes, 27 de enero de 2012

La actitud marca la altitud


¿Por qué dicen los expertos que es mejor que los enfermos de un cáncer terminal no sepan nada al respecto? Unos dicen que así no ronronean una muerte anticipada, otros porque así lo poco que les queda lo viven con serenidad y despreocupación. Yo, por contra, diría porque la actitud marca la diferencia. Llevo un tiempo atrás escuchando lamentos y sollozos de alguien que aprecio enormemente. La he oído contarme problemas considerables por los que no he pasado y quizá en un futuro nunca pase.

- Todo acabará, llegará el momento en que volverás a ser feliz. -Le murmuré al oído.

- Es muy fácil decirlo, pero no sabes lo que es estar en mi situación. -Me levantó la voz sin apenas darse cuenta.

- Sí, es cierto. No sé como te sientes, porque no estoy dentro de ti. -Musité callada sin saber que más decir.

- Las cosas no se ven igual hasta que no te pasan a ti personalmente. -Me dijo impotente y con tristeza.

Aunque sé que su actitud no tenia nada que ver conmigo, entendí que aquella rabia contenida era fruto de su situación y no de mis palabras. Rememoré tiempo atrás cuando yo tampoco veía el vaso medio lleno. Tengo que admitirlo, no hace tanto de eso. Recuerdo aquel momento a la perfección. Pensamientos dantescos visitaban mi mente. Puños cerrados. Codos en las rodillas. Oculté mi rostro y los llantos que por él corrían. Entonces vino él y sentí su abrazo por mi espalda mientras comenzaba una oración.

Siendo consciente de que no soy el mejor ejemplo para dar consejos a nadie, sé que hablo con conocimiento de causa, cuando digo que sé como te sientes. Yo también estuve al borde del colapso. Por lo tanto, puedo hacerme una idea por lo que un alma desesperanzada puede estar pasando. Nunca digas a nadie que tu sufrimiento no puede entenderlo, ya que tus juicios de valor pueden ser erróneos. Ademas de que subestimar el dolor de otros es hiriente. ¿Acaso sabes tu por lo que yo pase? pues tu tampoco estabas dentro de mi. Y voy más allá. En caso afirmativo, la pena que uno siente, ¿puede medirse o evaluarse? Negativo. ¿Acaso no entra en juego también el umbral de capacidad de sufrimiento de cada uno? Claro que si. Muchos factores hay que tener en cuenta y estos sólo son dos de ellos, entre muchos otros, por no contar con precedentes familiares, situaciones sociales o incluso problemas laborales añadidos que cada uno tiene.

Cuando estaba en lo más profundo de mi pena y creía que no podía aguantar más, es cuando más vulnerable y humilde me volví. Mi sensibilidad estaba exponencialmente alterada. Y créeme, es lo mejor que pudo pasarme. Hay quien tiene que perder algo, para ganarlo todo. Y ese fue mi caso. Solo cuando estuve así, es cuando me reencontré conmigo misma y con Dios. Todo lo demás vino solo. Y aunque duela y nos resistamos al cambio, no hay nada mejor que eso, porque aprendes a depender, sólo y exclusivamente, de Él. La Biblia dice que, Dios no nos dará cargas más pesadas de las que podamos soportar. (1ª Corintios 10:13)

Sí, ahora puede que para mi sea fácil decirlo, sin embargo espero que nunca tengas que pasar por esos niveles de sufrimiento que yo pasé, ni viceversa. Y si se da el caso, déjame ayudarte, escucharte y aconsejarte. No olvides que todos alguna vez hemos sufrido. Unos más que otros. Simplemente, concédeme ese abrazo que yo aquel día recibí para enseñarte a ver el vaso medio lleno. Y si nada de eso quieres, sólo permíteme estar contigo, cuidar de ti y tenerte en mis oraciones. Recuerda: la actitud marca la altitud. No evita las dificultades, pero sí la forma de verlas. Y eso es, en definitiva, lo que hace la diferencia.