domingo, 27 de marzo de 2011

El eco de tu existencia


Siempre será un día especial el día de hoy, un 27 de marzo. Esa fecha que llevo grabada en la esclava de oro colgada de mi mano derecha y que luzco con orgullo desde hace muchos años. Hoy es ese día cuando hubieras cumplido 83 maravillosas primaveras. Pero no. La realidad es otra, hoy no celebraré ningún cumpleaños, no disfrutaré de ver esos ojos chispeantes mientras soplan unas velas. Permíteme que hoy llore una vez más tu ausencia.

Imagino cuando me hablabas y recuerdo en tus pupilas, negras como el azabache, años de experiencia. Lecciones aprendidas de una vida dura, pero con corazón fuerte. Así eras tu: perfecta a mis ojos. Sí, lo se. La perfección es una quimera, pero déjame imaginar y recordarte como cuando era una niña. Ahora, mi querida yaya te veo reflejada en tu retoño, que aunque de niña no tiene nada ya que con 60 años cuenta, la veo, la miro y me estremezco solo de verte reflejada en ella.

Otras generaciones, otras ilusiones, otras vivencias, pero que en esencia siempre son las mismas. Unas manos también desgastadas por el trabajo y dedicación, una piel manchada de una vejez que se aproxima, un cuerpo que no perdona el paso del tiempo. Aun con todo eso, sigue pareciendo una muñequita, con esa cara linda que a una estrella de cine de antaño se asemeja. Si a su rasgos físicos le añades que cada gesto, cada expresión, cada mueca o cada pensamiento, verías que es la viva imagen de lo que tu un día fuiste. Si, ella, mi madre. Tu hija. Tu muñeca de porcelana, ahora pasa por lo que tu viviste, entre otras cosas porque es la actual yaya. Te gustará saber que tendrías bisnietos y ahora serias la nueva “abuela vieja”. Hay cosas que nunca cambiaran en nuestra familia. Mientras la veo desde lejos, con aguja en mano, se dispone a coser y se entretiene con cualquier cosa relacionada con su nueva ilusión, la de ser abuela y de poder disfrutar de sus nietos.

Es por eso que me hace recordar en lo que tu y yo vivimos, en nuestra relación abuela-nieta. Es ahora ella quien podrá vivir esos momentos y quien tiene que disfrutar de lo maravilloso que puede llegar a ser esa experiencia. Es una pena que no estés aquí para aconsejarle, pues es toda una novedad para ella. Es una pena que no puedas estar tampoco para conocer esos tres maravillosos mocosos que nos tienen como locos a todos en casa.

Pero para mi hay un pesar mayor, el no contar con tu presencia el próximo verano. Ese día en el que subiré a un altar vestida de blanco. Y aunque siempre me digan que estaré radiante con mi sonrisa de corazón brillante, en lo mas profundo de mi ser sabré que ya no existe esa sonrisa perfecta, porque tu te la llevaste hace mas de siete años atrás. Y que aunque ese momento debiera ser el más feliz de mi vida, sabes a la perfección que no lo será. Faltará lo más importante, esa persona anciana en el primer banco de la iglesia, orgullosa y presumida, como una señora (porque lo eras de los pies a la cabeza) que solo con una mirada hacia sentirme la niña mas querida de su existencia. Y con eso me bastaba.

Así que hoy quiero recordarte como cada día lo hago, disfrutando de lo que me queda, de las generaciones que dejaste, de tu hija, de tus nietos y de varios bisnietos, y tal cual ley de vida, seguir con el legado que heredaste un día y que dejaste a los siguientes. La próxima seré yo. Seré como tu cuando tenga la edad de mi madre ahora o 75 cuando te fuiste o 83 como los que cumplirías hoy mismo. Quizá cambie la aguja por un iPad. No lo se. Solo espero mantener vivo el eco que dejaste de tu existencia. Porque me siento orgullosa de ti, del ejemplo que dejaste y de las cosas que nos enseñaste. Feliz cumpleaños en tus dulces sueños, nos veremos muy pronto junto al río.