lunes, 31 de enero de 2011

Dios siempre me ha hablado


Susurro lejano casi imperceptible. Presencia ausente. Añoranza extraña. Recuerdo agradable. Pero no estas ¿o si? Tímida voz queriendo entrar en un corazón dañado. Sentimientos encontrados, conversaciones en la madrugada. Te busco y no te encuentro. Te escondes o quizá simplemente callas. Viéndome, contemplándome. Dios ya no me habla.

-Te quiero mucho ¿sabes?
-Si lo se. Gracias. - Decías tras una sonrisa escondida.
-Pero tengo que decirte algo.
-¡Uy! ¿qué he hecho que te ha molestado?
-Nada, solo que esperaba una amistad diferente. Tengo muchos amigos, de todos los sitios, de muchos lugares, pero ninguno con el que pueda orar, encontrarme con Dios. Pensaba que tu que crees lo mismo que yo...

Silencio perdido.

Mientras veo sus mejillas sonrojarse percibo que quizá le haya molestado mi comentario:
-Vaya, nunca me habían dicho algo así. Pensé que tus temas de conversación siempre era el fútbol, los chistes verdes o cualquier noticia del momento.
- Ya pero eso lo puedo hacer con cualquier persona. Elige uno -le digo mientras le enseño mi agenda del móvil- el que quieras. Pensaba que contigo seria diferente.
-Tienes razón. ¿Quieres que oremos? Podemos estudiar la Biblia cada noche, podemos empezar a ver nuestra colección de pelis, o quizá,...
-¡Si! lo necesito. Siento a Dios tan distante...

He aprendido mucho desde entonces, ya no soy quien era aquel día. Personas entran en nuestras vidas que nos ayudan, que nos animan, que te sonríen, que te levantan, que se preocupan. Situaciones que te curten, que te hacen fuerte, que aunque temporalmente te destrozan, con el paso del tiempo te hacen grandes. Hoy ya no estas tú, pero están otros. Y continúan haciéndolo, porque para eso estamos aquí, para ayudarnos. Que importante es estar en el momento preciso, en el lugar correcto. Dios quizá me estuviera hablando.

En mi soledad lejos de mi casa pretendo hallarte, pero no te siento. Quiero recordar aquellos momentos por los que un día suspiraba. Cada mañana te busco con el deseo de escuchar tu corazón palpitante en mi espalda, fruto de un un abrazo que me traspasa. Me he alejado poco a poco y ahora quiero correr rápido a tu encuentro. Siento que es tarde, pero empieza a amanecer y la luz entra por mi ventana. Estas ahí. Me has regalado un día mas, una bonita sonrisa se dibuja en mis labios. Veo que respiro y recuerdo una a una el sin fin de bendiciones que me has otorgado. Pero vuelvo a tener un triste y solitario despertar. Ya no está esa voz amiga que me dice hizo apreciar lo que has hecho por mi. ¿Qué más da? La esencia, los importante, eso sí que está. Están tus manos traspasadas, extendidas allí en una cruz clavada. Están todas las cosas que has creado para mi. Están tus heridas en los pies, fruto de mi pecado y rebelión. Pero lo más bonito de todo es que has venido a buscarme, quieres alegrar mi corazón cada día, buscas cada momento para captar mi atención y eso, eso, es lo más importante. No mas mañanas ausentes. Dios ya me habla.

Lo siento de nuevo. Has vuelto. Siento tu calor, tu abrazo. No más silencios. Has venido a mi encuentro. Un aliento más para empezar el nuevo día. Gracias. Sé que si no fuera por ti, hoy, yo no estaría aquí. No te separes nunca de mi. Te necesito. Vuelve pronto pero, esta vez, para quedarte. Dios siempre me ha hablado.

lunes, 24 de enero de 2011

Pura decepción


Dos años han transcurrido desde que un día me sentaron delante de un señor (por llamarlo de alguna manera) para evaluar algunos aspectos de mi carácter y aptitudes (con “p”) laborales. Recuerdo aquel día como si fuera ayer. Palabras hirientes e injustas salían de su boca mientras callada y cabizbaja escuchaba todo lo que quería decirme. Lo peor de todo fue que procedían de otras fuentes y que él era un pobre transmisor. Lo que hubiera pagado por escucharlo de los labios de la persona que lo pensaba y así ver en su cara la hipocresía y la maldad. Aun así acepté cada una de las evaluaciones que caían como cuchillos afilados en mi espalda con asertividad y buena disposición para mejorar mis habilidades tanto personales como profesionales.

Hace unas semanas, algo parecido sucedió, con la diferencia de que esta vez las valoraciones procedían de alguien a quien quiero y que significa mucho para mi, lo que hizo que el dolor no solo fuera premeditado sino que conllevara alevosía. Como en la anterior ocasión, siempre habla el que más tiene que callar o, en cuyo caso, el que debería abstenerse de decir improperios innecesarios. ¿Qué esta pasando en esta sociedad?, ¿en nuestras familias?, ¿en nuestros círculos de confianza?, ¿de verdad llegaremos a lo que dice Mateo 10:21?

Rabia, impotencia, desolación, incomprensión y, mucho, mucho dolor sentí dentro de mi. Como podía ser posible que uno tras otro los golpes vinieran de la misma persona, como podía ser que la gente este tan ciega ante las realidades que tienen delante, como se puede ser tan egoísta, como se podría estar tan lejos de la percepción de lo correcto e incorrecto, ya no solo por aquella discusión mantenida entre nosotros sino por las actitudes (con “c") que día a día adopta con la gente que lo quiere y que siempre ha sido su apoyo y confianza. Huelo a lo lejos sus ineptas burlas creyendo que es superior a los demás, percibo su ironía en ciertos aspectos de la vida que deberían ser respetados y lo mejor de todo es que soy consciente de la realidad cuando él apenas piensa que vivo en los mundos de
yupi. Que triste es que piensen de ti que, a pesar de la edad que tengas, sigues siendo aquella niña que un día te vio crecer.

Sinceramente estas cosas te hacen aprender, darte cuenta de quién eres y en lo que no quieres convertirte, te hace darte cuenta que deseas ser mejor persona de lo que ves a tu alrededor, y que lo que antes había sido para ti un icono, un ejemplo a seguir, ahora es lo que nunca quieres llegar a convertirte, porque gente así, hay por todo el mundo pero gente que te decepcione por poner tan altas las expectativas de su persona, es algo que no tiene explicación.

Por eso una cosa más he aprendido y la almacenaré en mi archivo histórico para toda la vida: solo hay uno en quien confiar “Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, y por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás” Salmo 31:3 Todo lo demás como casi todo en la vida, es pura decepción.