sábado, 20 de noviembre de 2010

Sabía que esto iba a ocurrir


Sabía que esto iba a ocurrir. No con tanta intensidad, pero así está sucediendo. No es que lleve mucho tiempo lejos de él, sin embargo en estos casos el tiempo es oro, y ha sido el suficiente para darme cuenta de lo duro que es y de lo que será.

Aún recuerdo cuando apenas tenía unas horas, el teléfono sonó en el momento que amanecía, un frío día de noviembre. No es que me guste que me despierten y más a ciertas horas intempestivas, pero eran las 6.30 de la mañana cuando un sms iluminó mi cara con intensidad. Ya estaba aquí. Belleza por doquier, otro milagro. Era radiante, al verlo con tan solo unos minutos de vida, ya lo amaba.

Ha pasado casi un año de este momento, y hoy en la distancia recuerdo como si fuera ayer esos momentos y muchos otros. Momentos en los que lloraba, momentos en los que reía, momentos en los que jugaba. Y mientras pienso en cada uno de los días que pase a su lado, la melancolía inunda mi alma al saber que me perdí momentos como sus primeros dientes o sus primeros pasos. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Tras pasar los primeros meses en la lejanía, cada vez que tengo la oportunidad de verlo tras una cámara, es un regalo. Me hace sentir la tía mas afortunada del mundo cuando se queda embobado mirándome tras una pantalla, sabiendo con apenas unos meses, que soy yo, su tía Silvia. Una eternidad parece que ha pasado de vez tras vez, crece a pasos agigantados y aunque tengo que confesar que me gustaría que todo fuera de otra manera, las circunstancias muchas veces están por encima de los deseos. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

En unos días se celebrará su primer cumpleaños, pero la distancia y la diferencia horaria no me permitirán estar presente. Dejaré en mi lugar a mi otra mitad, alguien que desde el día que nació su entusiasmo por verlo, cogerlo y cuidarlo ha sido de lo más significativo, alguien que lo quiere tanto como yo y que pierde la cabeza por él, alguien que me hace suspirar cada vez que lo imagino ejerciendo como padre, pues le cuida como si de su propio hijo se tratara. Se que el tío Radu le hará llegar mis más tiernas felicitaciones ya que como cada cumpleaños, la familia se congrega con una gran celebración y el saber que no podré verle soplar su primera velita me llena de gran tristeza. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Antes de irme, almacené en mi memoria sus timidas carcajadas, sus miradas indiscretas, su desesperado grito de “cogerme en brazos”, su inquietud desmesurada. Y entonces comprendí que es un niño tan parecido a mí (por lo que me cuentan) gracias a su vivaz temperamento. Recuerdo ademas sus caritas feas y, sobre todo, el morro de abuelo que su madre siempre decía o lo atento que se quedaba cada vez que le cantabas. Mientras aún estoy pensando sobre esos momentos me atropella el tiempo viendo lo mucho que ha aprendido desde que me fui, y cada día que pasa, cosas nuevas suceden y sin darme cuenta ya es algo común el decirme adiós con la manita cuando nos despedimos. ¿Cuántas cosas me estaré perdiendo que no se pueden ver en apenas unos minutos tras una cámara? Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Y aún sabiendo que esto iba a ocurrir, no puedo dejar de preguntarme a dónde nos llevará la vida y sus circunstancias. En la soledad de mi ahora hogar no hay día que no piense y desee más que estar cerca de los míos, pero lo que más me mantiene alerta es la falta que me hacen mis sobrinos. Sobre todo Pablo que es tan pequeño y cada día es una noticia, algo nuevo. Me da miedo pensar que llegue el momento en el que no me pueda reconocer, que dada la situación no sepa que yo soy su tía alocada que quiere hacerlo volar, que estos años de mi ausencia serán los más importantes para su vida y yo no estaré cerca. Aunque sabía que esto iba a ocurrir es ahora cuando me doy cuenta de lo mucho que lo echo en falta y las ganas que tengo de volver a casa, imaginando que al verme, con sus pequeños pasos, venga corriendo a mis brazos.