jueves, 22 de abril de 2010

Hasta el Cieling llegaría...


¿Cuántas veces he hablado sobre como sería el paraíso? ¿Cuántas veces he imaginado el momento en el que los cielos se abrirían para ver descender millares y millares de ángeles? ¿Cuántas veces he soñado con volver a tocar el rostro de mi yaya para besarlo? ¿Cuántas veces he anhelado vivir en un ambiente donde se respira paz amor y mucho, mucho cariño? El Espíritu Santo estaba presente durante todo el evento. Lo podía sentir, notar, oler. Un oleaje de buenos recuerdos, un sentimiento de serenidad y una sensación de inmensa felicidad es lo que muchos de los allí presentes pudimos respirar durante unos días. Estas y muchas otras preguntas iban y venían a mi cabeza. Estaba feliz, estaba en Cieling y nunca mejor dicho aquello parecía el Cielo mismo.

Allí en un mismo recinto estaban todos, aproximadamente 800 jóvenes, sino mas, a parte todos los que colaborábamos con la causa y unos ponentes que o dejaban a más de uno boquiabierto o te hacían romper a llorar tras sus sermones. La organización del evento solo se podía calificar de excelente, la sala como de un avión se tratase, la decoración, los presentadores, las azafatas y el paralelismo de todo lo relacionado con un vuelo al Cielo mismo dejó mas que alto el listón de este espectáculo. Y es que no solo fue un evento espiritual, fue todo un festival lleno de diversión, donde podías reír, llorar, aplaudir, gritar, disfrutar y, sobre todo, soñar, todo al mismo tiempo. Así me veía yo, soñando y soñando en un mundo mejor, me abstraía solo de pensar en el momento y la posibilidad cuando eso suceda en nuestras vidas. Si algo hay que sacar punta a este encuentro (el cual muchos han catalogado como el mejor de la historia JAE) es la cantidad de talleres interesantes que había con pastores realmente preparados y que supieron llegar al corazón de las personas vislumbrados con lloros de esperanza, de arrepentimiento, ojos chispeantes, llamados contestados con decenas y decenas de jóvenes entregando sus vidas a Cristo.

Sin lugar a dudas fue una lastima no tener el tiempo necesario para poder disfrutarlos a la vez, pues se solapaban, indicando así que todo, absolutamente todo, fue una gran bendición divina y que una oportunidad de tal magnitud no se podía perder. No puedo olvidarme del momento cumbre de todo el congreso, Forgiven, humildes como ellos solos, este grupo adventista musical hizo vibrar a cada uno de los asistentes de una manera espectacular, hasta el punto de ver a toda una sala con cientos de personas vitorear una vez tras otra un : “Otra, otra, otra,..!”, continuos cánticos, aplausos por doquier y sonrisas inmutables.

Sin lugar a dudas, este fue uno de los eventos a los que he asistido donde más profundo ha llegado a mi corazón a encontrar a Cristo y donde me hace afianzar lo que siempre digo que prefiero la onírica duda a la “cruda certeza” de imaginarme una vida sin Dios ni esperanza. Tras meses y meses de intenso trabajo el esfuerzo se ha visto recompensado, en primer lugar por mi relación personal con Dios y en segundo por ver que no era solo yo quien así se sentía sino la cantidad de agradecimientos que cada uno de los asistentes daban por hacer de este congreso lo que fue: un pequeño cielo en esta Tierra.

Al llegar a casa, el Facebook echaba humo, todos y cada uno de los que allí estuvimos traíamos una magia especial, todos agradecían mediante sus estados lo grande que había sido para ellos. El miedo a un trauma post-cieling podría embriagarnos, pero ahí estábamos todos para darnos un poco más de aliento y poder sobrevivir en un mundo en el que la vuelta a la realidad se hacia dura. Todos estábamos de acuerdo, duró poco, todos nos fuimos con ganas de mas, con un sabor de victoria bajo el brazo sabiendo que muy pronto esto sucederá de verdad para nunca mas acabar, y con una sonrisa de oreja a oreja al saber que somos privilegiados por tener esta esperanza y este regalo gratuito para todo aquel que quiera aceptarlo. ¿No es maravilloso? Es hora de difundirlo, es hora de expresar al mundo lo felices que somos, es hora de decir lo grande que es nuestro Dios que hace que hoy nos sintamos las personas más afortunadas de este planeta. Señores pasajeros estamos a punto de proceder al embarque con destino: Cieling, no pierdan su vuelo.