domingo, 14 de marzo de 2010

Mi patria

Vislumbraba sus playas desde lo alto, aquellos pueblos que desde arriba podía enumerar uno a uno sin abrir los ojos y no equivocarme, la Ciudat de les Arts i les Ciencies que vestían la ciudad de gala y glamour, el río que dividía el centro de los suburbios de antaño, las torres de Serrano o las de Quart, al acercarme mas y mas desde lo alto sentada en mi butaca del avión apreciaba los naranjos en cada una de sus calles, las huertas que aún quedaban impunes o las maravillosas rotondas que tanto significado tienen para mi. Han pasado poco mas de tres años de aquella escena, cuando me ausenté cerca de medio año de mi ciudad querida, de mi ciudad amada. Siempre me he considerado valenciana, orgullosa de mi casta, digna de mis raíces, pero no fue hasta que deje la tierra que me vió nacer por algunos meses cuando más cuenta me di de la gran patria que tenia, de lo feliz que era en aquel lugar, de lo mucho que echaba de menos mi gente, mi barrio, mi tierra, ese era mi lugar. Es ahí donde aprendí y me prometí a mi misma no separarme de mis raíces, pues entendí que si así lo hacia una parte de mi dejaría de ser lo que ahora soy, lo que ahora siento y no quería volver a tener la sensación de perder mi identidad, mi raza, mi todo.

Hoy volví a recordar ese momento y muchos otros. Vítores en una plaza con miles y miles de espectadores cantaban mientras esperaban prender esos maravillosos minutos de fuegos de artificios, esos truenos que hacen poner los pelos como escarpias a cualquiera, una plaza llena de señeras izadas, con la típica música del lugar, de la época de mis abuelos, del folklore valenciano. Senyor pirotècnic pot començar la mascletà y el espectáculo daba comienzo. Cada año se innova, pero aún así cada vez que vivo esos momentos tengo los mismos recuerdos. Me acuerdo de ella, de mi infancia a su lado en aquellas fiestas donde podía vivir en su mismo techo, donde dormía en su misma cama, de sus deseos de verme vestida como una fallera para deslumbrar al barrio de nieta y sus ojos verdes que le quitaban el aliento, pasacalles donde su orgullo desfilaba ante sus vecinas siempre acompañada de mi yayo que tarareaba, como buen músico, todas y cada una de las piezas tocadas por la banda de turno con un silbo permanente salido de sus labios.

Esas fallas año tras año donde junto con Fani, Adela, Merche y un sin fin de gente veíamos mascletàs, castillos, pasacalles, ofrendas, meriendas, cremàs... pero es ella, y solo ella, quien me enseñó a amar lo que hoy tanto amo, a crecer con los colores de una señera clavada en mi corazón. Mientras mi mente viajaba, rodeado de los brazos del hombre que amo, a aquellos maravillosos años, un final apoteósico se desataba en la plaza del ayuntamiento, seguido de movimientos “timpaneantes”, ojos humedecidos en un llanto oculto y un corazón a punto de estallar del éxtasis provocado por la pólvora. Respiro hondo, aprovecho las últimas bocanadas de un olor que me recuerda a mi infancia, no quiero que se acabe, entonces empieza de nuevo la música, el color y la fiesta, aunque finalizado el recital pirotécnico, mañana habrá más. Después de unos minutos, las dos horas de espera leyendo, comiendo pipas y bailando han valido la pena. Esta vez no vamos a ir a ver a Rita saltando ni a la corte sonriendo, esta vez no, el gentío nos lo impide y estamos en la otra punta, pero mi año fallero ha empezado como siempre con mucha alegría en el corazón. Y es que el sol empieza a repuntar, con aire fresquito para no agobiar, con sus calles cortadas, donde se puede pasear, donde el peatón es el rey del mambo, donde los masclets puedes tirar sin que te miren mal, donde el Collao es el sitio presidencial en mis visitas casi diarias al centro de la gran ciudad, donde la asistencia a la calle iluminada de Sueca-Literato Azorin es una de las visitas obligadas y año tras año no te deja indiferente, donde en cada falla o cada calle tienes musica, orquesta y la gente es feliz, porque valencia esta de fiesta.

Es cierto que es un lugar donde puedes disfrutar de las mejores naranjas del mundo, donde la horchata acompañada de sus fartones te dejan patidifusa, donde (lejos de parecer pretenciosa) la paella es la mejor aliada para cualquier turista a quien deseas impresionar, donde la playa, el sol, la comida mediterránea, y un sin fin de razones que hacen que para mi este es y será el mejor lugar del mundo para vivir mi pequeña eternidad terrenal. No obstante, nada como unas fallas bien vividas, una fiesta disfrutada y donde cada valenciano puede rememorar la pasión de una tierra a la que haces homenaje allá donde vas.

Y es que la ciudad de las flores, es una ciudad modesta, pequeñita a la vez que grande, donde tienes cada cosa que necesitas y con un millón de recuerdos, gente, lugares y momentos que hacen que yo sea quien soy y que la añore cada vez que me voy lejos de ella. Valencia, mi Valencia.


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3 comentarios:

La Fani dijo...

Recuerdo q para mí de pequeña las fallas era estar una semana con mi amiga silvia q apenas veía durante el año, ir a juntas a los pasacalles, ofrenda, merendolas, tirar petardos... y yo siempre cerca de ti e imitándote en todo. Te quitabas un gancho, pues yo otro...te molestaba un moño, pues a mi tmbién...maltratabas el ramo de las flores de la ofrenda, pues yo también...jajaja!!! Y cn Paco...jajaja!me voy a abstener de decir lo q decías de Paco, xq sino le quitaré glamour a tu escrito. Bueno Sil, q nunca olvidaré nuestros años de falleretas, y echo de menos vestirme así q tengo un año para convencerte y vestirnos en las próximas fallas!!! Besitos!! sabes q te quiero...

Gran Torino dijo...

:) acabe bastante hasta "el moño" nunca mejor dicho de tanto traje, pero te prometo que volveremos a vestirnos sino el año proximo, el siguiente... rememoraremos viejos tiempos, esta vez no maltrataremos el moño, ni patalearemos que estamos cansadas, esta vez iremos acompañadas de nuestros hombres y nos llevaran de paseo como dos princesitas que somos :) Prepara esos vestidos de los 90...

Mosh dijo...

Grande nuestra patria! A mí me encanta vivir al menos una mascletà, un castillo y ver un rato las Fallas. Ya son muchos años y me sigue poniendo los pelos de punta la cremà y el manto de la Virgen. Estoy orgulloso de ser valenciano