sábado, 20 de noviembre de 2010

Sabía que esto iba a ocurrir


Sabía que esto iba a ocurrir. No con tanta intensidad, pero así está sucediendo. No es que lleve mucho tiempo lejos de él, sin embargo en estos casos el tiempo es oro, y ha sido el suficiente para darme cuenta de lo duro que es y de lo que será.

Aún recuerdo cuando apenas tenía unas horas, el teléfono sonó en el momento que amanecía, un frío día de noviembre. No es que me guste que me despierten y más a ciertas horas intempestivas, pero eran las 6.30 de la mañana cuando un sms iluminó mi cara con intensidad. Ya estaba aquí. Belleza por doquier, otro milagro. Era radiante, al verlo con tan solo unos minutos de vida, ya lo amaba.

Ha pasado casi un año de este momento, y hoy en la distancia recuerdo como si fuera ayer esos momentos y muchos otros. Momentos en los que lloraba, momentos en los que reía, momentos en los que jugaba. Y mientras pienso en cada uno de los días que pase a su lado, la melancolía inunda mi alma al saber que me perdí momentos como sus primeros dientes o sus primeros pasos. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Tras pasar los primeros meses en la lejanía, cada vez que tengo la oportunidad de verlo tras una cámara, es un regalo. Me hace sentir la tía mas afortunada del mundo cuando se queda embobado mirándome tras una pantalla, sabiendo con apenas unos meses, que soy yo, su tía Silvia. Una eternidad parece que ha pasado de vez tras vez, crece a pasos agigantados y aunque tengo que confesar que me gustaría que todo fuera de otra manera, las circunstancias muchas veces están por encima de los deseos. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

En unos días se celebrará su primer cumpleaños, pero la distancia y la diferencia horaria no me permitirán estar presente. Dejaré en mi lugar a mi otra mitad, alguien que desde el día que nació su entusiasmo por verlo, cogerlo y cuidarlo ha sido de lo más significativo, alguien que lo quiere tanto como yo y que pierde la cabeza por él, alguien que me hace suspirar cada vez que lo imagino ejerciendo como padre, pues le cuida como si de su propio hijo se tratara. Se que el tío Radu le hará llegar mis más tiernas felicitaciones ya que como cada cumpleaños, la familia se congrega con una gran celebración y el saber que no podré verle soplar su primera velita me llena de gran tristeza. Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Antes de irme, almacené en mi memoria sus timidas carcajadas, sus miradas indiscretas, su desesperado grito de “cogerme en brazos”, su inquietud desmesurada. Y entonces comprendí que es un niño tan parecido a mí (por lo que me cuentan) gracias a su vivaz temperamento. Recuerdo ademas sus caritas feas y, sobre todo, el morro de abuelo que su madre siempre decía o lo atento que se quedaba cada vez que le cantabas. Mientras aún estoy pensando sobre esos momentos me atropella el tiempo viendo lo mucho que ha aprendido desde que me fui, y cada día que pasa, cosas nuevas suceden y sin darme cuenta ya es algo común el decirme adiós con la manita cuando nos despedimos. ¿Cuántas cosas me estaré perdiendo que no se pueden ver en apenas unos minutos tras una cámara? Aunque sabía que esto iba a ocurrir.

Y aún sabiendo que esto iba a ocurrir, no puedo dejar de preguntarme a dónde nos llevará la vida y sus circunstancias. En la soledad de mi ahora hogar no hay día que no piense y desee más que estar cerca de los míos, pero lo que más me mantiene alerta es la falta que me hacen mis sobrinos. Sobre todo Pablo que es tan pequeño y cada día es una noticia, algo nuevo. Me da miedo pensar que llegue el momento en el que no me pueda reconocer, que dada la situación no sepa que yo soy su tía alocada que quiere hacerlo volar, que estos años de mi ausencia serán los más importantes para su vida y yo no estaré cerca. Aunque sabía que esto iba a ocurrir es ahora cuando me doy cuenta de lo mucho que lo echo en falta y las ganas que tengo de volver a casa, imaginando que al verme, con sus pequeños pasos, venga corriendo a mis brazos.

jueves, 22 de abril de 2010

Hasta el Cieling llegaría...


¿Cuántas veces he hablado sobre como sería el paraíso? ¿Cuántas veces he imaginado el momento en el que los cielos se abrirían para ver descender millares y millares de ángeles? ¿Cuántas veces he soñado con volver a tocar el rostro de mi yaya para besarlo? ¿Cuántas veces he anhelado vivir en un ambiente donde se respira paz amor y mucho, mucho cariño? El Espíritu Santo estaba presente durante todo el evento. Lo podía sentir, notar, oler. Un oleaje de buenos recuerdos, un sentimiento de serenidad y una sensación de inmensa felicidad es lo que muchos de los allí presentes pudimos respirar durante unos días. Estas y muchas otras preguntas iban y venían a mi cabeza. Estaba feliz, estaba en Cieling y nunca mejor dicho aquello parecía el Cielo mismo.

Allí en un mismo recinto estaban todos, aproximadamente 800 jóvenes, sino mas, a parte todos los que colaborábamos con la causa y unos ponentes que o dejaban a más de uno boquiabierto o te hacían romper a llorar tras sus sermones. La organización del evento solo se podía calificar de excelente, la sala como de un avión se tratase, la decoración, los presentadores, las azafatas y el paralelismo de todo lo relacionado con un vuelo al Cielo mismo dejó mas que alto el listón de este espectáculo. Y es que no solo fue un evento espiritual, fue todo un festival lleno de diversión, donde podías reír, llorar, aplaudir, gritar, disfrutar y, sobre todo, soñar, todo al mismo tiempo. Así me veía yo, soñando y soñando en un mundo mejor, me abstraía solo de pensar en el momento y la posibilidad cuando eso suceda en nuestras vidas. Si algo hay que sacar punta a este encuentro (el cual muchos han catalogado como el mejor de la historia JAE) es la cantidad de talleres interesantes que había con pastores realmente preparados y que supieron llegar al corazón de las personas vislumbrados con lloros de esperanza, de arrepentimiento, ojos chispeantes, llamados contestados con decenas y decenas de jóvenes entregando sus vidas a Cristo.

Sin lugar a dudas fue una lastima no tener el tiempo necesario para poder disfrutarlos a la vez, pues se solapaban, indicando así que todo, absolutamente todo, fue una gran bendición divina y que una oportunidad de tal magnitud no se podía perder. No puedo olvidarme del momento cumbre de todo el congreso, Forgiven, humildes como ellos solos, este grupo adventista musical hizo vibrar a cada uno de los asistentes de una manera espectacular, hasta el punto de ver a toda una sala con cientos de personas vitorear una vez tras otra un : “Otra, otra, otra,..!”, continuos cánticos, aplausos por doquier y sonrisas inmutables.

Sin lugar a dudas, este fue uno de los eventos a los que he asistido donde más profundo ha llegado a mi corazón a encontrar a Cristo y donde me hace afianzar lo que siempre digo que prefiero la onírica duda a la “cruda certeza” de imaginarme una vida sin Dios ni esperanza. Tras meses y meses de intenso trabajo el esfuerzo se ha visto recompensado, en primer lugar por mi relación personal con Dios y en segundo por ver que no era solo yo quien así se sentía sino la cantidad de agradecimientos que cada uno de los asistentes daban por hacer de este congreso lo que fue: un pequeño cielo en esta Tierra.

Al llegar a casa, el Facebook echaba humo, todos y cada uno de los que allí estuvimos traíamos una magia especial, todos agradecían mediante sus estados lo grande que había sido para ellos. El miedo a un trauma post-cieling podría embriagarnos, pero ahí estábamos todos para darnos un poco más de aliento y poder sobrevivir en un mundo en el que la vuelta a la realidad se hacia dura. Todos estábamos de acuerdo, duró poco, todos nos fuimos con ganas de mas, con un sabor de victoria bajo el brazo sabiendo que muy pronto esto sucederá de verdad para nunca mas acabar, y con una sonrisa de oreja a oreja al saber que somos privilegiados por tener esta esperanza y este regalo gratuito para todo aquel que quiera aceptarlo. ¿No es maravilloso? Es hora de difundirlo, es hora de expresar al mundo lo felices que somos, es hora de decir lo grande que es nuestro Dios que hace que hoy nos sintamos las personas más afortunadas de este planeta. Señores pasajeros estamos a punto de proceder al embarque con destino: Cieling, no pierdan su vuelo.

domingo, 14 de marzo de 2010

Mi patria

Vislumbraba sus playas desde lo alto, aquellos pueblos que desde arriba podía enumerar uno a uno sin abrir los ojos y no equivocarme, la Ciudat de les Arts i les Ciencies que vestían la ciudad de gala y glamour, el río que dividía el centro de los suburbios de antaño, las torres de Serrano o las de Quart, al acercarme mas y mas desde lo alto sentada en mi butaca del avión apreciaba los naranjos en cada una de sus calles, las huertas que aún quedaban impunes o las maravillosas rotondas que tanto significado tienen para mi. Han pasado poco mas de tres años de aquella escena, cuando me ausenté cerca de medio año de mi ciudad querida, de mi ciudad amada. Siempre me he considerado valenciana, orgullosa de mi casta, digna de mis raíces, pero no fue hasta que deje la tierra que me vió nacer por algunos meses cuando más cuenta me di de la gran patria que tenia, de lo feliz que era en aquel lugar, de lo mucho que echaba de menos mi gente, mi barrio, mi tierra, ese era mi lugar. Es ahí donde aprendí y me prometí a mi misma no separarme de mis raíces, pues entendí que si así lo hacia una parte de mi dejaría de ser lo que ahora soy, lo que ahora siento y no quería volver a tener la sensación de perder mi identidad, mi raza, mi todo.

Hoy volví a recordar ese momento y muchos otros. Vítores en una plaza con miles y miles de espectadores cantaban mientras esperaban prender esos maravillosos minutos de fuegos de artificios, esos truenos que hacen poner los pelos como escarpias a cualquiera, una plaza llena de señeras izadas, con la típica música del lugar, de la época de mis abuelos, del folklore valenciano. Senyor pirotècnic pot començar la mascletà y el espectáculo daba comienzo. Cada año se innova, pero aún así cada vez que vivo esos momentos tengo los mismos recuerdos. Me acuerdo de ella, de mi infancia a su lado en aquellas fiestas donde podía vivir en su mismo techo, donde dormía en su misma cama, de sus deseos de verme vestida como una fallera para deslumbrar al barrio de nieta y sus ojos verdes que le quitaban el aliento, pasacalles donde su orgullo desfilaba ante sus vecinas siempre acompañada de mi yayo que tarareaba, como buen músico, todas y cada una de las piezas tocadas por la banda de turno con un silbo permanente salido de sus labios.

Esas fallas año tras año donde junto con Fani, Adela, Merche y un sin fin de gente veíamos mascletàs, castillos, pasacalles, ofrendas, meriendas, cremàs... pero es ella, y solo ella, quien me enseñó a amar lo que hoy tanto amo, a crecer con los colores de una señera clavada en mi corazón. Mientras mi mente viajaba, rodeado de los brazos del hombre que amo, a aquellos maravillosos años, un final apoteósico se desataba en la plaza del ayuntamiento, seguido de movimientos “timpaneantes”, ojos humedecidos en un llanto oculto y un corazón a punto de estallar del éxtasis provocado por la pólvora. Respiro hondo, aprovecho las últimas bocanadas de un olor que me recuerda a mi infancia, no quiero que se acabe, entonces empieza de nuevo la música, el color y la fiesta, aunque finalizado el recital pirotécnico, mañana habrá más. Después de unos minutos, las dos horas de espera leyendo, comiendo pipas y bailando han valido la pena. Esta vez no vamos a ir a ver a Rita saltando ni a la corte sonriendo, esta vez no, el gentío nos lo impide y estamos en la otra punta, pero mi año fallero ha empezado como siempre con mucha alegría en el corazón. Y es que el sol empieza a repuntar, con aire fresquito para no agobiar, con sus calles cortadas, donde se puede pasear, donde el peatón es el rey del mambo, donde los masclets puedes tirar sin que te miren mal, donde el Collao es el sitio presidencial en mis visitas casi diarias al centro de la gran ciudad, donde la asistencia a la calle iluminada de Sueca-Literato Azorin es una de las visitas obligadas y año tras año no te deja indiferente, donde en cada falla o cada calle tienes musica, orquesta y la gente es feliz, porque valencia esta de fiesta.

Es cierto que es un lugar donde puedes disfrutar de las mejores naranjas del mundo, donde la horchata acompañada de sus fartones te dejan patidifusa, donde (lejos de parecer pretenciosa) la paella es la mejor aliada para cualquier turista a quien deseas impresionar, donde la playa, el sol, la comida mediterránea, y un sin fin de razones que hacen que para mi este es y será el mejor lugar del mundo para vivir mi pequeña eternidad terrenal. No obstante, nada como unas fallas bien vividas, una fiesta disfrutada y donde cada valenciano puede rememorar la pasión de una tierra a la que haces homenaje allá donde vas.

Y es que la ciudad de las flores, es una ciudad modesta, pequeñita a la vez que grande, donde tienes cada cosa que necesitas y con un millón de recuerdos, gente, lugares y momentos que hacen que yo sea quien soy y que la añore cada vez que me voy lejos de ella. Valencia, mi Valencia.


domingo, 7 de febrero de 2010

Estrategia nueva


Tras la aparición del iPad en la presentación del pasado 27 de Enero en San Francisco no he dejado de pensar en el tirón mediático que puede llegar a tener un producto tal en la mente de la sociedad actual, en la que yo me auto-incluyo.

Llevo aproximadamente un mes leyendo sobre la nueva criatura que esta a punto de parir nuestra gran Manzana, pero no fue hasta hace una semana aproximadamente cuando escuche perpleja como algunos analistas llegaron a bromear que el iPad es la tabla más famosa desde los diez mandamientos de Moisés.

Siempre he sido, y mientras no saquen algo mas revolucionario lo seguiré siendo, una mac-era empedernida (para que engañarnos cualquier cosa tecnológica me hace perder el sentido), sin embargo al reflexionar sobre el paralelismo que habían realizado con la presuntuosa tableta de Apple, que después resultó no ser, y algo tan importante como la ley de Dios, me hizo quedarme un tanto desconcertada.

¿Cual es la estrategia de esta compañía, la cual tantos abogamos por ella allá donde vamos, que hace que las comparativas se asocien hasta el punto de rozar la blasfemia? En realidad hoy miles y miles de expresiones de este estilo son cotidianas en la vida en la que vivimos, desde un “no había ni dios” hasta “no hay dios que lo compre” entre muchas otras. Podríamos enumerar una buena cantidad de momentos al día en los que solemos escuchar este tipo de comentarios que si soy sincera chirrían mis oídos solo de escucharlos, pero el comparar este hibrido telefono-portatil con la ley de Dios me parece un tanto fuera de lugar. Aunque este es otro tema.

Si bien es cierto que su gran objetivo como toda empresa es sacar rentabilidad a tu negocio, los caminos y estrategias de cada una de ellas es diferente. Apple sabe emocionar a cientos de miles de personas que se convierten ya no en usuarios, sino en apóstoles de sus productos, en verdaderos evangelizadores que intentan que todo aquel que les rodea acabe mordiendo la manzana. ¿No tendrá esto algo que ver con su famoso anagrama?

El método: la rumorologia. Es que somos morbosos, y mucho. La propia Apple es la que inicia en su mayoría todos y cada uno de los rumores que salen intencionadamente a través de Cupertino, su propia sede en California, donde para suscitar más interés y llamar la atención de todos sus fieles feligreses poco a poco va soltando información como si de un secreto se tratase. ¿Qué es lo que hay detrás? Puro marketing, estudiado marketing, brillante marketing.

Hay momentos en los que me planteo, como seria posible crear una mayor expectativa en aquello que muchas veces intentamos predicar. La misión del ser humano en esta tierra ya no es crecer y multiplicarse como un día Dios dijo en el Edén. Eso es una acción, una necesidad, pero después del pecado y morder la apple no es una misión, no es LA MISION. Nuestra misión no es ni mas ni menos que una sola, es tan sumamente importante que Jesús nos la dejó como legado, ya que él no podía realizarla y esa es la de compartir con todo aquel que entre en nuestras vidas el iBible.

Steve Jobs ha sido recientemente nombrado por el The Wall Street Journal como el hombre de la década, tecnológicamente hablando. Es sin duda, un hombre tremendamente mediático dando la fama a esta gran compañía, tanto es así, que no quiero ni pensar como fluctuará los mercados bursátiles el día que le de un yuyu. Sueño con poder ser una Silvia Jobs, donde sea capaz de poder impulsar aquello por lo que creo, por lo que vivo, por lo que sueño, aquello que me da la esperanza de un mundo nuevo, mejor y eterno. La lucha vale la pena, si lo que creo lo creo de veras.

Lejos de ser una comercial a sueldo del negocio de la manzana, defiendo y me emociono por cada uno de sus productos hasta las ultimas consecuencias. Y entonces me reprendo ¿Por qué no poner el mismo énfasis en una realidad mucho mas eterna en la cual tanto confío? Quizá debamos establecer una estrategia revolucionaria que rompa moldes en nuestro Target (publico al que nos enfocamos en términos marketinianos). Quizá debiéramos demostrar que tenemos un secreto para compartir. Quizá debemos de trasmitir la felicidad que nos aflora por considerarnos cristianos. Quizá debemos de publicitarnos más en todos los medios en los que nos movemos. Quizá,.... Quizá deberíamos de cambiar la estrategia.

martes, 19 de enero de 2010

El milagro de la vida

No me gustan los niños. Bueno, rectifico. No me gustaban los niños.

Siempre he sido partidaria del otro bando: las personas mayores. Que aunque marcan ciertas similitudes con los nanos como el no poder valerse por sí mismos, la fragilidad que tienen o la vulnerabilidad a la que se someten, entre otros, mi gran debilidad han sido las personas de la tercera edad. Aunque mi percepción de los críos ha cambiado, sigo sintiendo lo mismo cada vez que veo un anciano cruzar la calle, pasear por el parque o sufrir en un hospital: compasión. Compasión, amor y, sobre todo, mucha mucha pena. Mi corazón llora y se lastima al ver, imaginar o pensar en ellos y sé que nunca dejará de ser sensible al respecto de este tópico. Pero hoy no es este el asunto protagonista. Hoy tomará toda mi atención él, mi primer sobrino, Alex.

Alex, me cambió la vida. Me cambió el pre-concepto natalicio de que un niño pudiera ser agraciado. Y el lo era. Desde la primera hora que nació lo fue. Guapo muy guapo, alegre y, sobre todo, cariñoso. Al verlo, algo dentro de mi se trasformó pues era sangre de mi sangre, algo que no se puede explicar con palabras, simplemente se puede sentir. No podía creer que ese ser tan pequeño pudiera formar parte de nuestra familia, ya que el bebé más joven que había en la casa era una servidora que nació en el 83 y que tenia ya el colmillo bastante duro. Ahora 25 años después existía un neonato en la familia, el juguete deseado por todos. Dios es grande y misericordioso, nos entregó el primero, pero no el último (de Pablo hablaremos otro día) para formar un equipo de futbol Primos Royito FC, los míos incluidos, pues gracias a esta criatura encendió en mi esa llamita que llaman instinto maternal y que nunca antes había sentido. Llegó, tarde pero llegó el deseo de querer tener pichichis como diría mi buen amigo Dey. Aprovecho para confesar que aunque prefiero una nena eso no será ningún inconveniente para formar parte de la plantilla futbolística, pues demostrado ha quedado.

Ahí estaba él, manifestándome el milagro de la vida que aunque es un hecho muy común, no puedo dejar de asombrarme de cómo Dios hace de un acto tan indecente un ser tan puro. Solo Dios podría crear un ser tan perfecto, con esas manos indefensas, esos ojos cerrados que no podían ver ni la luz, que no podía comer por si mismo, perfecto. Pies, corazón, boca. Perfecto. Es curioso como el hombre puede producir vida trayendo al mundo pequeñas criaturas y ese mismo hombre con el paso del tiempo deteriora a la especie. Y me da miedo, mucho miedo, el mundo al que ha aterrizado. Y no voy muy lejos, me pongo como ejemplo, me veo a mi misma, pues yo hace casi 27 años fui así, pura. Y ahora mis ojos han visto cosas que jamás deberían haber visto, mis manos han hecho cosas que jamás deberían de haber hecho, mis pies han ido a sitios que jamás tenían que haber ido, mis pensamiento se van tan lejos que ya no sé ni donde están. Todo va y viene, y soy de todo menos pura. Todo ha sido estropeado a causa de mi pecado. Pero gracias que hay una esperanza y una ilusión y mi mayor deseo es algún día poder contarle que hay buenas nuevas para él y para todo el que en El crea (Juan 3:15).

Esperanza e ilusión que hace que todo mi ser se llene de gozo y deleite cuando él busca mi compañía con un monosílabo onomatopéyico que debe significar algo así como “tía Silvia es la mejor del mundo”, cuando una sonrisa sale de esos labios puros al verme escondida para buscarme, cuando quiere beber de mi botella de agua “como los mayores”, cuando baila escuchando cualquier sonido musical, cuando estrecha mi mano para conciliar su sueño y se queda dormido transpirando en mi pecho, cuando toquitea mi Mac ¡temblad próxima generación tecnológica que Alex viene ya enseñado!

Tan solo ha pasado un año y medio, no solo ha cambiado mi vida, sino mi perspectiva maternal, mis deseos de estar con él cada viernes, mi necesidad de verlo reír al hacerme muntunet, mi anhelo por comprobar como se hace un hombre, mi sueño de verlo crecer en la fe, mi orgullo, mi sobrino.

martes, 12 de enero de 2010

Le llaman la Isla del Encanto


Era domingo y ese viaje esperado desde hacia más de 4 meses daba comienzo. Tras una larga cola de pasajeros ansiosos por embarcar rumbo a Philadelphia, al llegar mi turno me tope con una señora que de manera un poco picky solo le faltó preguntarme la talla de sujetador que usaba (debido al incidente ocurrido un día antes en Detroit), pero lo que mas me saco de mis casillas fue un “lo siento, usted no puede viajar sin saber el lugar en el que se va a quedar”. Por favor!! soy española, no voy a emigrar a Puerto Rico ni puedo llamar a las 4 de la mañana para que me den la dirección. Llame. No sabéis lo mal que me sentí, pero no había otra opción, todos dormían y nadie cogió el teléfono en el otro lado del Atlántico. Definitivamente, tras unos minutos de angustia mezclada con indignación lo intenté de nuevo y pude hacerme con mis chicas de Berrien que me solucionaron el problema.

Pasado el incidente aeropuertuario ,y tras unas cuantas horas de viaje acompañada de la serie “How i met your mother” y mi inseparable libro del viaje “Mil soles esplendidos” de Khaled Hossein, pude llegar a la Isla del Encanto. A pesar de no llegar mi maleta, allí estaba Liz, ready para unos días de descanso, placer gastronómico y alguna que otra risa. El clima, tropical. Calorcito, pero sin causar estragos, lluvia rebelde pero agradable al proceder de una España marcada por el gran frío polar, no visto desde hacia muchos años.

Sorullos de maiz, arañitas, tostones, mofongo con plátano maduro, bocadillos de pan criollo, mayokeptchup o el helado de maíz, fue algo que me dejó una marca grata e inolvidable, allá donde vaya siempre recordaré, lo bien que comí y los pocos pinos que planté (esto no es ninguna sorpresa). Cada día era todo un mundo por descubrir y cada cosa que probaba más me gustaba, incluso ese lugar remoto llamado Plátano Loco, donde en medio de la jungla pude descubrir, que aquella fruta que apenas podía oler en casa, me gustaba, cocinada, verde, amarillo o como estuviera preparada. Mi madre se sentirá orgullosa de esto o cabreada porque en casa no lo como, ¡vete tu a saber!

Si hay algo que cambiaría de Mayagüez (ciudad en la que me alojaba al oeste de Puerto Rico) fueron sus curvas serpenteantes, que a pesar de que dibujaban un marco encantador y precioso en una selva cada vez mas sorprendente por su paz y tranquilidad , sus consecuencias hicieron estragos en mi estómago y los mareos correspondientes. Un tanto paradójico, pero valió la pena y si no hubiera sido por ello, quizá esa magia silvestre escondida entre la montaña, dificil de acceder pero preciosa, no hubiera existido. Un lugar precioso. Desde Cabo Rojo, Ponce, Arecibo o las irresistibles cuevas de Camuy que no pudimos visitar hasta cada municipio del oeste de este Estado Libre Asociado era un lugar digno de admirar.

La gente del lugar muy amable me trataba, al delatarme mi acento y darse cuenta de que procedía (con ) de España, no tenían rencor por los antiguos colonizadores y con humildad y cierta sonrisa se quedaban maravillados, lanzaban un grasias y felisidades para todo (quizá porque estábamos en navidad), pero a mi no dejaba de sorprenderme que me felicitaran al comprar algo. Puerto Rico me hizo recordar la España de hace 30 años, y no es porque yo llegara a conocerla (aun no soy tan vieja), pero sus edificios, sus vidas, todo lo relacionado con la idiosincrasia del lugar me hizo teletrasportarme a esas imágenes que nunca vivi pero que sí que vi en “Cuéntame como pasó” y todo sigue igual como si no hubiera avanzado mucho desde que los americanos la conquistaran y echaran a patadas a los españoles.

En definitiva, ha sido un viaje, lejos de la civilización, con un déficit tecnológico grave para mi enfermedad adictiva, un lugar para descansar, pensar y analizar, noches cinéfilas, pentecostales chillando como locos, playas paradisíacas y, sobre todo, para darle unos sorbos a la vida, disfrutándola como los frappés brasileños (si, si en Puerto Rico) para chuparse los dedos, o como diria Liz: ¡orgásmicos!

Me gustó el arte boricuo, nuestro perrito Sherlock, el pulguero, su comida, la gente del lugar, la música parrandera, la fabrica Bacardi, El Morro de San Juan.. me enamoró Puerto Rico.