domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuenta la historia...


Cuenta la historia que en una lejana pero conocida ciudad vivía una joven y vigorosa mujer donde ella con sus circunstancias habían creado su propio mundo. Un mundo creado por y para ella, donde con sus pocas pero intensas experiencias, se habia convertido en quien ahora era: una chica adulta y madura, aunque a la vez con un espíritu joven y con ganas de comerse el mundo.

Es cierto que le habían partido el corazón, una sola vez, pero lo suficiente para darse cuenta que no quería volver a entregárselo a nadie y mucho menos a la deriva de cualquier caballero que lo cogiera y pisoteara sin delicadeza alguna.

Tras dos años de búsqueda, de mucho dolor y pocas lágrimas (ya se habían acabado todas) se fue con una amiga de viaje a visitar Alemania. Allí lo encontro a él. Alto, moreno, delgado, joven y muy pero que muy engreído.

El primer encuentro fue de todo menos agradable. Coincidieron fruto de la casualidad y las circunstancias y hay que decir que nuestra protagonista no le gustó en absoluto ni el trato ni la forma de ser de tal persona "sabelotodo"de la vida. Ese viaje fue de todo menos divertido, pero el tiempo pasó.

Y pasó.

Meses sucesivos, cuando ella apenas recordaba ni su nombre se volvieron a encontrar, para nada la relación fue tan desastrosa pues había intereses de por medio. Aquella amiga, era a su vez su hermana, un pilar básico en la vida de ambos, y es gracias a ella que pudieron conocerse y encontrarse. Es por eso, que ella le dio una segunda oportunidad, lo invitaba haciéndole participe de sus fiestas y actividades como un intento por firmar la paz.

No es que fuera del todo agradable pero fue viendo como poco a poco, él se comportaba de una manera un tanto más adulta y se esforzaba por ser un hombre. Ella pensó que quizás ya dejaba a un lado sus actitudes pueriles y no tardó mucho tiempo en darse cuenta de que algo diferente había en él.

Fue aquel verano del 2009 cuando ella se percató que donde había aspereza se podía encontrar ternura, donde había arrogancia se cubría de humildad, donde había tirantez se vislumbraba gentileza. Fue un verano extraño pues una parte de ella le decía que no podía dar rienda suelta a esos sentimientos, era una mujer de ideas firmes, de emociones sinceras y al pensar así y tener ese cambio de rumbo en sus pensamientos rompían todos sus esquemas. Fue un verano de indecisión para ella, un verano en el que no podía dar crédito a lo que pasaba por su cabeza y más que nada por su corazón, ¿cómo podía fijarse en una persona que era tan igual a ella?

Una persona aparentemente dura, fría, independiente, orgullosa, eso no podría funcionar seguía autoconvenciéndose. Ella tenía una teoría comúnmente conocida y rompiendo la lógica dominante de que los polos opuestos se atraen llegó un encuentro fortuito cuando se volvieron a encontrar y corroboró dicha lógica. Los sentimientos gritaban más y más fuertes, ella los intentaba aplacar, justificar, evadir, pero cada vez el grito reiterado, se hacía más audible, las ganas de pasar más tiempo con él, el sentimiento agridulce que le hacía experimentar, se hacía más y más evidente. Es allí donde una noche de septiembre en soledad teniendo a la brisa del mar como compañera confesó que lo intentaría, que quizás era Dios esa vocecita que le decía que así debía de ser, que era el momento de verse contestada esa oracion anhelada.

Y así fue como sucedió, unas idas y venidas de mensajes, de mails, de miradas indiscretas, de roces fortuitos y tras unos dias de confesiones, una segunda oportunidad se abrió, de nuevo en el corazón surgió el amor y la esperanza de poder vivirlo eternamente.

Ellos ya han hecho su parte, han puesto las ganas, la ilusión y la base. Es ahora esa base la que tiene que decir si esto será o no para siempre. Y ellos los que no deben de perder ese norte para poder recibir esa bendición que les ha sido otorgada, pues son conscientes que nada de esta historia es fruto de la casualidad.