sábado, 7 de marzo de 2009

Anoche te vi


Hoy desperté, sin querer despertar. Hoy llore, sin querer llorar. Hoy te vi y disfrute viendote. Un sueño, solo eso, era un sueño. ¿Solo? cuánto puede hacerte sentir un sueño, cuánto puede hacerte llorar un sueño, pero ahí estaba, abriendo los ojos y viendo correr lagrimas de mi mejilla mezcladas con legañas mañaneras, a la vez que la lengua de Iris, me daba los buenos días. Ahí estaba ella, acostadita en mi almohada, tan chiquita como siempre pero tan grande en momentos como hoy. Sabe siempre donde tiene que estar, nunca te falla y hoy no podía ser menos,...me escuchó sollozar entre sueños y no podía haber tenido un mejor recibimiento a este mundo real como esa muestra de amor, de apenas 25 centímetros de mi bicho culo inquieto.

Desde que te fuiste hace casi seis años, he tenido el gran privilegio de poder experimentar tu “presencia” fugaz en mi vida en contadas ocasiones, y es cierto que las intento contar con los dedos de mis manos y no los acabo. Pocas, pero intensas, como un regalo del cielo, es así como las siento.

Su comienzo siempre es el mismo, mi madre me llama y me dice que estas “aquí”. ¿Aquí? pero si se supone que siempre estuviste aquí... parece que no... parece que has ido a hacer un largo viaje y resulta que has parado a hacer una visita a tu familia de siempre. El caso es que de donde vengas no importa, el caso es que estas aquí. A mi alcance, a la distancia de poder coger mi coche e ir a buscarte, ir a verte . Se que si estuvieras en Siberia, ese también seria mi alcance, y si fuera Bali también seria mi alcance, fácil, accesible. Cualquier lugar donde los humanos podamos acceder ese es un sitio alcanzable, pero donde tu estas aun no puedo acceder. En el pueblo, que curioso, si para mi tu siempre estuviste allí, en ese maravilloso lugar que me trae tantos recuerdos y que llevo en mi corazón gracias a ti, pero ahora es diferente, cada vez que apareces así, tan real, me desvivo por coger mi coche, ponerlo a tope, más todavía de lo habitual, la aguja marcha 232 km/h no da mas de si, tiembla el contador, las revoluciones dan vueltas, mi ansiedad por verte supera la ficción, la razón y sobre todo la responsabilidad... y ahí voy corriendo como una bala para verte, no vaya a ser que el sueño acabe y no me haya dado tiempo para por lo menos decirte un “te quiero”.

Llega el momento de aparcar corriendo y mal, tocar el timbre sin apenas respirar y mi corazón a punto de estallar en el momento que sales tu despacito, como siempre hacías, abres la puerta de madera y me lanzo en tus brazos, como una niña de dos años que corre a su madre después de perderse en un centro comercial, donde me relajo dejando la ansiedad de los minutos anteriores en otro lugar. Y ahí estas tu tan corpulenta como siempre aunque frágil como una muñeca de porcelana, endolorida por tus huesos enfermos y con una sonrisa permanente que nunca se borraba de tu cara, ahí estas tu, recibiendo de mi y de toda la gente miles de abrazos, parece como si hiciera años que nunca lo hicieran, con desesperaxión. Empiezo a recordar tu olor, ese olor que ahora viene a mi mente y que parecía ya olvidado, se estremece todo mi ser, se encienden mis sentidos que creía haber enterrado hace años. Me hace saber que dentro, muy en el fondo de mi, aun lo tengo archivado. Tu voz, esa voz que es mas fácil de reproducir al ver cada uno de tus vídeos, pero que es una voz que si no acudo a ellos, tampoco puedo revivir, ni recordar. Es curioso como puedes pasar 20 años de tu vida con alguien y en apenas unos meses, olvidar todas estas cosas de la persona que mas quieres y has querido en tu vida. Como somos los seres humanos. Es curioso pero es así, por eso cada vez que vienes a mis sueños para mi es un regalo maravilloso y es tan real que no quiero despertar.

Pero llega el momento de despertarse, Iris me lo recuerda al empapar toda mi mejilla con su particular forma de besarme y de la mejor manera que sabe decirme “Silvia es hora de despertar”. Ahí estoy yo, sin quererlo, alejandola de mi para intentar introducirme mas en mi mundo irreal donde puedo encontrarme con contigo y donde sé que quizá y con un poco de suerte recupere el mismo sueño donde puedas de nuevo aparecer. Evito la realidad, evado la realidad en la que cada día nos atormentamos por los problemas y por la falta de insensatez de muchos (no todos) los que nos rodean en nuestras vida. Ahí estoy yo queriendo volver a esos momentos en los que era una niña y en los que estar contigo era lo único que me hacia feliz.

Pero despierto, despierto y tengo una doble sensación con un montón de sentimientos. Rompo a llorar. La primera de ellas, porque se acabó. Porque no recuerdo la última vez que Dios me dio el precioso regalo de poder sentir, pensar, vivir un momento junto a ella, quizá meses, pero muchos meses ya. Por otra parte, una antítesis a la anterior, mucho agradecimiento a Dios porque me ha dado este maravilloso regalo, para darme fuerzas y para poder sentir la esperanza de que El vendrá y podré sentir este tipo de cosas, en mayor medida y mejor calidad. Podré continuar aquello que acabó sin avisar y que podré darle esos mil millones de besos que no me dio tiempo a dar, más millones si caben. Y me levanto con fuerzas de encarar un nuevo día y ver a mi Señor con mas ganas, con mas fuerza y mas intensidad, porque ya queda un día menos para que El venga y ya llevo a mis espaldas un día más de sufrimiento y de soledad sin su compañía.

Han pasado 6 años y hace poco menos de una semana fue mi cumpleaños. Ya no soy esa niña de 20 que tantos preguntas sin respuesta tenia. Iba caminando con mi madre ese mismo 1 de marzo y le decía, llevo 6 cumpleaños sin disfrutar con ella un solo cumpleaños, esa persona que era la única que me hacia sentir tan especial, esa persona que cada mañana subía tal día como hoy (y muchos otros, pero hoy con mas empeño) y me despertaba en mi cama con tantos besitos y abrazos. A pesar de sus 75 años era la persona que más disfrutaba al verme feliz en un día tan especial como ese día, el día de mi cumple. Todos los días de mi vida, todos, cada mañana intento recordarla por una parte con la paradoja del olvido en mi mente. Intento no recrearme en esos momentos para no destruirme y seguir hacia delante. Pero es curioso, curioso como nuestra mente tiene memorizadas momentos selectivos, e intento recordar tantas de las cosas que hacia con ella y solo logro encontrarme con algunas. Curioso y triste, que poco a poco ciertas sensaciones se han ido perdiendo con el paso del tiempo. Curioso y desolador, que por un momento parece que fue ayer cuando ella se marchó y yo tenia la certeza de que Dios no tardaría en venir para acabar con un sufrimiento que no seria mas que temporal.

Pero es cierto que han pasado ya seis años, seis años es demasiado tiempo y ¿quién sabe cuantos más hasta que El venga? lo que si que tengo claro, clarísimo es que, sí, hoy tengo fuerzas para seguir adelante y lo digo con total seguridad y trasparencia. Mi gran sueño, mi gran motivación y mi única razón es el volver a tenerla entre mis brazos, el volver a besarla, el volver a tocarla, el volver a cuidarla. Volver a pasar todo el resto de mi vida junto a ella nada. Nada ni nadie ha significado tanto como ella significó. Nada ni nadie, me ha querido tanto como ella me quiso. Nada ni nadie me ha hecho sentir como ella me hizo sentir, solo espero que Dios me de una última y eterna oportunidad: que podamos volver ella y yo a estar en el mismo lugar disfrutando de todo lo que nos tiene preparado y siendo felices como cada tarde lo éramos mientras disfrutábamos de la compañía mutua en su pequeño hogar.

Es lo único que pido, es lo único que necesito. Se que es mucho y algo inalcanzable por nosotros los humanos, no es Siberia, ni Bali, no se puede comprar con dinero, pero se que tengo un gran Dios, que es Todopoderoso y que me da las fuerzas para seguir, para continuar a pesar de los problemas que nos da, no solo la vida sino todos los que vivimos en ella. No quiero nada, ni nadie mas, Solo quiero verte, yaya, verte. Vuelve esta noche.