sábado, 9 de febrero de 2008

¿Qué puedo dar?


7.45 a.m. Lunes. Un día más, una noche más, obligaciones que cumplir, momentos que agradecer, oportunidades para pedir. Elevo mi oración, rutinaria eso si, empañada por el sueño y convencida de que es escuchada. Después de eso y con las prisas propias de un día de trabajo, lo siguiente, ver las noticias en la web, política todo mentiras, préstamos con reducido interés, economía que no va al alza, asesinatos sin escrúpulos, malos tratos familiares. ¿Mucho que agradecer? Mucho. Todos hemos o estamos pasando por momentos malos, momentos en los que nos gustaría no volver a amanecer, momentos que dificultan la respiración regular, momentos en los que parece ser que nada tiene sentido, sensaciones en las que ni se pueden sentir, peligros de depresión enfermiza, sombras en nuestras experiencias, malas compañías, todos hemos sentido algo así en nuestras vidas, pero ¿acaso nos faltaba algo verdaderamente importante como para creernos con el derecho de sentirnos así? en nuestro razonamiento si. En mis grandes momentos de dificultad alguien me dijo que el problema hay que mirarlo desde arriba y no mirarme mi propio ombligo.

Empecé a investigar y viendo un documental entendí: 8% de la población mundial tiene coche, el resto 92% solo nos ve conduciéndolo, un billón de personas del mundo ni siquiera tienen agua limpia, 800 millones de personas no comen al día (300 millones son niños), cada 2 segundos alguien en el mundo muere de hambre, 1 billón de personas en el mundo viven con menos de un dólar al día y las autoridades alegan que se puede solucionar el problema del agua, salud y nutrición en todo el mundo con aproximadamente 20 billones de dólares, que es aproximadamente el gasto de los norteamericanos en helado en un año.

Hoy, sentada en mi sillón delante de este ordenador, me siento rica. Y recuerdo 1ª de Timoteo, "A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos". Soy rica, somos ricos. ¿Quién hoy alguno de los que estáis leyendo esto no tiene un coche para ir al trabajo?, ¿quién hoy no ha podido lavarse por no tener agua y jabón?, ¿quién no ha comido bocado desde hace días?, ¿Quién no tiene un duro en el bolsillo?, ¿quién,...? Los habrá, por supuesto, que los habrá, pero nos pilla muy de lejos o incluso nos miramos y pensamos que no tenemos tanto, pues muchos mas a nuestro alrededor tiene una cantidad considerablemente mayor que nosotros, pero es peligroso empezar a pensar así, entramos en la mentalidad en la que todo nos parece normal y hay un mundo en el que la predominancia absoluta es más bien todo lo contrario a nuestro diario vivir. Pienso: lo que no es suficiente para nosotros, para el resto del mundo seria mas que suficiente. Sigo pensando: ¿es malo tener tanto?
Vuelvo al versículo de 1ª de Timoteo: Dios nos da todo en abundancia para que las disfrutemos. ¿Donde esta el punto de inflexión? ¿Donde encontrar la virtud, ese justo punto medio entre el exceso y el defecto? Pensando que todo lo que tenemos es un regalo. TODO. Lo que antes he nombrado y lo que no se ve, la capacidad de saber leer estas palabras, la posibilidad de disponer estos medios, el aliento al respirar en este preciso instante, la luz del sol que Dios ha puesto para ti en este día, todo es un regalo.
No me gusta pensar en que lo que tengo, en que lo que sé, en que lo que conozco, es mérito mío, o incluso mérito de otros. Dios da y Dios puede quitar (Job 1:21), Él es todopoderoso, y si tenemos de todo y lo mas importante, vida, es por Él y hay que agradecerlo.

Una vez Carlos hizo algo por su mejor amigo, Sergio. Este estaba inmensamente agradecido por haberle dado la mayor felicidad que nunca pudo encontrar. En cierta ocasión, Carlos lo estaba pasando muy muy mal, y le dijo a Sergio que le ayudara, que estuviera con él, que si no se acordaba cuando él lo estaba pasando mal tiempo atrás antes de que Carlos le ayudara, Sergio le contestó: Ya te lo agradecí una vez, no voy a estar toda la vida agradeciéndotelo. ¿Es eso agradecimiento? No. No entrare en connotaciones de otro tipo, afectivas, fraternales... no es motivo de mi pensamiento hoy, pero ¿una persona agradecida de corazón no lo esta toda la vida? Imaginemos que hiciéramos una oración a Dios hace 10 años por la vida y por haberme dado todo lo que tenia en su día y ya nunca más hubiera dado mas gracias por nada. Eso mismo me estaría matando por dentro, seriamos personas secas, muertas interiormente, tendríamos el corazón marchitado, seriamos insensibles y materialistas.

Dios da por una razón. No creo que tener cosas sea un inconveniente, forma parte del crecimiento y maduración personal de cada persona y como bien dijo hace más de 50 años un psicólogo llamado Abraham Maslow en su teroría de la jerarquía de necesidades humanas, defiende que conforme se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados. Consta de 5 niveles (Físico, Seguridad, Afecto, Reconocimiento y Autorrealización) y la idea básica de esta jerarquía es que las necesidades más altas ocupan nuestra atención sólo una vez se han satisfecho necesidades inferiores en la pirámide. Siempre tendemos a superarnos en nuestras vidas y llegar a ser personas autorrealizadas. Avanzar, crecer no es malo, pero requiere de ciertas obligaciones.

Dios da por una razón, en la Biblia cuando Dios da a alguien algo es para que se beneficien otros, debemos de ser generosos, querer compartir con los que lo necesitan. No me refiero a cosas materiales, simplemente, y voy mas allá, Carlos no le ofreció algo material a Sergio aquel día, tampoco le pedía nada material, solo su comprensión, su apoyo. Lo que debemos de darnos cuenta es del tipo de persona que somos, porque eso es lo que sí importa. Eso sí que tiene implicaciones eternas. Una sonrisa, una mirada, una tarde de consolación al amigo que necesita ser escuchado, una oración, un sms,..tiempo. Esos momentos de estar pensando en la gente que te necesita, eso, tiene implicaciones eternas, eso es ver el problemas desde arriba, desde otra perspectiva y dejarse de mirar el ombligo. Es invertir en nuestro futuro.

Hace poco conocí a la mejor persona que nunca pensé que hubiera en el mundo, por lo menos que yo haya tenido el privilegio de conocer, una persona que se desvive por los demás, me dijo: "Llevo mas de 10 años trabajando en mil sitios y mil cosas, y ahora me hice policía solo por una motivación poder ayudar a los que me necesiten, disfruto con mi trabajo y por fin he encontrado lo que me gusta". ¿Que tengo yo para ayudar a otros? No se trata de dar dinero al que lo necesita o de hacer algo en un momento puntual y cumplir con el cometido, se trata de como vemos la vida, de lo conscientes que somos por lo que tenemos, de lo agradecidos que estamos por lo que disponemos y por actitud que prestamos al necesitado, necesitado de cariño, necesitado de aprecio, necesitado de compañía. Es fácil ir a la iglesia, es sencillo tener el habito de leer la Biblia, pero hay cosas que van mas allá de todo eso y que la sociedad cosmopolita y desarrollada en la que vivimos no se da cuenta, y es que hay almas desesperadas en busca de amor y cariño y nosotros solo seguimos mirándonos el ombligo. Tiempo.

23.55 Llegó la noche, analizo en mi oración que fue mi día, que he hecho por los demás. Y siento que la benevolencia es aquello que trae felicidad al corazón, dar es mejor que recibir, pues el primer beneficiado eres tu. Ver la cara de felicidad del que has ayudado, las lagrimas de agradecimiento por su mejilla o la incapacidad de hablar por la emoción que has causado al ofrecer un simple abrazo, eso es lo que da sentido a la vida. Disponer de tu tiempo, de tu energía, de tu apoyo, incluso de tu dinero si es necesario, es lo más bonito y más cercano al carácter de Jesús. Dar prioridad a los demás no es fácil, pero Jesús vino a este mundo a servir, y servir requiere sacrifico. La mejor pregunta no es ¿Que voy a obtener?, sino ¿Qué puedo dar?

Desde aquí quiero agradecer a todos aquellos que me dieron su compañía cuando lo he necesitado, porque esos pequeños detalles, no son tan pequeños y hacen que no se olviden nunca y que jamás deje de deciros lo agradecida que estoy. Muchas gracias a todos, pues estoy segura que por ello, habéis sido bendecidos en los Cielos y habéis cumplido con la divina responsabilidad de dar al que lo necesitaba.