miércoles, 22 de junio de 2016

Nací para complacer


Nací para complacer y lo que nunca me contaron es que puedes morir en el intento.

Muerta. Fría. Afligida. Engañada. Y muy decepcionada. Mucho. Cansada de un mundo que maltrata con sus exigencias y que, a cambio, es muy poco dadivoso. El mundo o, ¿hablaría más adecuadamente si dijera, la gente de este mundo?

Por miedo a abrir heridas de los que más quería siempre tuve que silenciar mis deseos. He navegado por esta vida entre curvas sin señalizar quedando arrasados, como consecuencia, aquellos sueños y anhelos que un día me hicieron sentir viva. Luché contra viento y marea, intentando la ardua tarea de conciliar un carácter luchador y reivindicativo con la necesidad de complacer a los de mi alrededor.

Mala combinación.

Nací siendo la última de una familia que pasó por dificultades, como todas. Mi niñez, no fue el mejor recuerdo de mi corta vida, pero tampoco puedo lamentarme por haber tenido que madurar antes de lo que me hubiera gustado. Entre otras razones, porque me gusta ser como soy. Nací a la sombra de los que siempre me eclipsaban con la excusa de la longevidad. No solo fui la última sino también la pequeña. Pequeña y última. Última y pequeña. Qué más da. A estos dos atributos hay que añadir el cinismo de genero de la sociedad en la que vivimos. Sí, nací hembra. A que mala hora. No solo como objetivo de sustituir a la que nunca conocí bajo la penumbra de sus recuerdos. No solo eso, sino que además mujer con la sensibilidad que ello implica. Odio tener sentimientos. Desearía, cual autómata por la vida, caminar diariamente con mi mejor sonrisa. Sonrisa rebosante de hipocresía mientras miro a los ojos a aquellos que dicen ser mis parientes mientras confiesan erróneamente quererme.

Pero yo no soy así, rápida en aprendizaje, doy gracias a mis mentores que me enseñaron cada día a reforzar mis armas con la coraza de la apatía, que crece a marchas forzadas por todo mi ser. Y es que, para sobrevivir en esta escoria de planeta Tierra, hay que regar continuamente con lagrimas de agua salada el escudo que protege el corazón, para que crezca y se haga cada vez más suspicaz e indiferente, ayudándote así a no fiarse ni de uno mismo.

Aprendí a que me dieran igual las cosas, pero no lo conseguí. Aprendí a mirar a los demás como un ejemplo a seguir, siendo ese mi mayor error. Aprendí a crecer emocionalmente con la satisfacción de generar felicidad a los demás, sin saber que tenia que haber empezado conmigo misma. Aprendí que puedes hoy darlo todo por alguien, y mañana eres un completo desconocido. Aprendí a ser independiente, a apartarme de los demás, a marcharme de mi país, a alejarme de las personas que más quería. Aprendí a no creer en nada ni nadie. Es más, ya creo más en el Cielo por aproximación, que por la Fe en sí misma.

El famoso genio y figura hasta la sepultura, es un tópico para otros. Habéis enterrado en vida el líder que llevaba dentro. Habéis acabado con mi personalidad, que aunque fuerte e independiente, no era invencible. Habéis acabado con mi felicidad y esperanza. Os comportáis cual ratas que huyen de entre los escombros en busca de construir vidas arrasadas al azar, llenas de mentira y codicia. Es hora de cambiar, es tiempo de respetar a esta servidora. Ahora es mi turno. Ahora soy yo la que merece años de soledad para aprender de nuevo a confiar, salir de mi gélida cueva y, por supuesto, esperando respeto y comprensión.

Nací para complacer y es hoy, después de mas de treinta años, que aprendí que no siempre llueve a gusto de todos. Que hoy dejo de ser quien era para caminar descalza por las ruinas de esta astuta Babilonia. No toquéis mi corazón, no lo molestéis nunca jamás. No tenéis el permiso ni el consentimiento.

Pero como mi conciencia tiene más peso que la opinión de todo el mundo, hoy y ahora es el momento de hacer un alto en el camino. Me rindo en silencio, mientras me retiro con sigilo.

Ya no soy la pequeña, ni la última, ni una mujer, ni la segundona. Soy una persona adulta, con su vida propia, su joven familia y su independencia inquebrantable. Vive y deja vivir. 

Ya no estoy para complacer a nadie.

Y a quien no le guste, ahí tiene la puerta. Pues yo, ya estoy muerta.

lunes, 20 de julio de 2015

Y entonces llegó Carmen

Ella me dijo que quería volver a leerme. El me inspiró con una foto para saber sobre qué escribir. Hoy, el lápiz volvió a tomar vida. 



Miami, Domingo 19 de Julio de 2015

Hola Yaya, 

Supongo que estarás dormidita, muy tranquila y con la paz que siempre tu rostro desprendía. Ahora con mayor razón, me gustaría verte por un agujerito mientras descansas, y hasta en algunas ocasiones te confieso que me gustaría poder hacerte compañía. Estoy aqui para contarte algo muy especial: vas a ser la yaya vieja de tu quinto bisnieto. Bueno, mejor dicho bisnieta. O eso nos han dicho.

Sé que no es la ilusión del primero, pero yo tampoco lo fui y tengo constancia absoluta que me quisiste como al primero o más si es que cabe. Por lo que de nuevo me dirijo a contarte mis más íntimos pensamientos. Ojala estuvieras aquí para podértelos narrar en persona, pero esta vez, y como viene siendo habitual desde hace mas de diez años, lo haré en mi máximo silencio disfrazado de letras frías en un blog que es leído en todo el mundo. Y es que, aunque no sabes lo que es internet y aunque siempre has querido pasar desapercibida, eres una persona conocida en las redes sociales, en mis redes de amigos, que no son pocos. 

Carmen. 

Que precioso nombre. Ese nombre que llevo tatuado en mi corazón y siempre cuelga de una esclava de oro en mi muñeca derecha. Ese nombre que desapareció de mi vida hace exactamente doce veranos y que no pasa ni un solo día sin que mis entrañas lloren por la ausencia de los cuidados que proporcionabas. Hoy, después de tantas noches en vela y lagrimas derramadas recordándote, sigo pronunciando con mis labios ese nombre sin que, esporádicamente y de manera fortuita, alguna nueva emoción resurja en mi alma. Tu nombre. Cada vez que alguien lo entona suena como música para mis oídos.  Ese nombre que será personificado de nuevo en un pequeño milagro que correteará por la casa a partir del 2016 en honor a la persona más maravillosa que jamás ha pasado por mi vida. Con anhelo desearía que estuvieras aquí solo para comprobar como se te hincha el corazón de orgullo y satisfacción. Y es que es por ti y para ti, este precioso regalo divino que Dios nos ha podido ofrecer.

En tu honor.

Heredera de tu legado, eso es lo que quiero para ella. Tu ejemplo como persona, tu integridad, tu humildad, tu continencia. Ojala fuera capaz de enseñarle una sola parte de las cosas que a mi enseñaste. La más valiosa y la que menos dispongo, dominio propio. Yaya, tu dominio propio. Tu sobriedad y serenidad ante los problemas de la vida. Ante las injusticias. Eso que me cuesta tanto controlar y que continuamente me culpo cuando se desvanece una templanza que en tantas ocasiones brilla por su ausencia. Y es que las personas, las situaciones, la época en la que vivimos están corruptas y muchas veces no ayudan. Sin embargo, le hablaré cual historia infantil se tratara de las cosas maravillosas que hacia una señora mayor con su nieta cada tarde. Le permitiré que pueda experimentar el amor incondicional categorizado como el amor de abuelos. Le contaré de donde viene su nombre y por qué su mamá siempre buscaba el regazo de su yaya cuando estaba triste, pues era ahí el único lugar donde su paz era encontrada. Y es que, cada casa, necesita una yaya en ella. Porque yo tenia una madre, una maestra y una abuela disfrazada de una amiga. 

Te echo de menos, una vez más y sobre todo, en momentos como este. ¿Dónde te encuentras cuando mi vida se parte en silencio preguntando por ti?, ¿cuándo el frio de tu ausencia me cala por los huesos en un profundo silencio que me aleja de ti?  El sol se apagó, la luna dejó de existir. Ya han pasado muchas noches desesperadas suplicando que volvieras a mi. Sentimientos agridulces disfrazados de una felicidad real y esperanzada por presentarte mis retoños cuando estemos en el cielo, si es que allí nos vemos. O quizá junto a la ribera hermosa del rio, como dice la canción, quien sabe. 

Apenas estoy encinta (como dirías tu) de 15 semanas y la mayoría del tiempo me siento ajena de la realidad de que una segunda vida esta creciendo dentro de mi. Sólo mis momentos de lucidez o de contemplación absoluta me doy cuenta de lo grande que está pasando en mi vida.  Y es que, el hecho de ser madre es algo grande que no se puede describir incluso cuando técnicamente todavía no lo eres. Incongruencias de la vida que se convierten en realidades existenciales. A nadie le enseñan a ser mamá, ni a hacer las cosas de la manera correcta, pues al final del camino hasta la verdad en ocasiones es relativa. Solo espero que con la ayuda de Dios y con tu patrón de comportamiento real en mi niñez, pueda saber como encomendar a la que será mi primogénita y los que vendrán.

Educar a una mujer virtuosa, porque su estima sobrepasara largamente a la de las piedras preciosas (Prov. 31:10), ¡que gran encomienda! No se si seré capaz, a veces me vienen las ganas de salir corriendo. Me siento perdida. Mi único sueño es que estuvieras aquí para ayudarme y para, sobre todo, disfrutar de estos momentos, que desde tu sillón observarías con una sonrisa que llenaría de paz mi corazón.


Hasta entonces, un beso en la frente, como siempre. 

sábado, 18 de abril de 2015

Soledad


Cada mañana se despertaba con propósitos varios. Llegaba a la escuela de negocios donde estudiaba y antes de entrar en clase recogía los periódicos que en la puerta le esperaban, uno de economía y el de turno que elegía en función del partido político al que apostara. Nunca tuvo su fuerte en política por lo que iba alternando según lo que decía la portada cada día. Mientras esperaba que la clase comenzara leía las noticias, pues le gustaba saber como estaba el mundo que la envolvía. Le gustaba estudiar, siempre le había gustado formarse  e ir a clase para prepararse y ser grande en un futuro. Responsable y trabajadora, así la definían.
El día pasaba sin novedad, solo esperaba que continuara para poder hacer todo aquello que le gustaba, poner en marcha sus hobbies que pacientemente esperaban. Dar un paseo con su perro a la caída de la tarde para encontrarse con su Dios, jugar a futbol cada noche con el equipo al que pertenecía,  leer en su sillón rojo la novela de turno, salir al cine con los amigos, visitar la casa de su hermano para cenar o simplemente estudiar algo, para llevar al día las tareas universitarias.
Hace muchos años de eso ya.
Se encuentra volando a tierra extraña y sentada en su asiento mientras mira por la ventana se da cuenta de cuánto la vida le ha cambiado en apenas unos años. Piensa con melancolía que ya no hace nada de deporte (menos todavía juega a futbol, su gran pasión), ya no lee las noticias ni aún estando tan lejos de su ciudad natal, apenas habla con Dios, lo siente lejano y distante. Dice no tener tiempo para todo eso.
“Ya no tengo vida, ni ocio, ni tiempo para mi”. – Se dice para sus adentros. “Ahora solo trabajo y trabajo y, en cierto modo, aunque me hace feliz lo que hago, no tengo vida”. Continua divagando mientras sobrevuela varias islas del sur del Caribe. “Ya no salgo a pasear ni disfruto de mi soledad”.
Soledad. Esa palabra que tanto odias cuando es imperativa y, a su vez, tanto anhelas cuando por voluntad propia la buscas.
Es una persona que le gusta  analizar las circunstancias de la vida, diligentemente se acomoda en el asiento y con determinación y dureza se regaña para sus adentros. “La sociedad del dinero te esta absorbiendo, no paras para recapacitar y poco a poco te estas consumiendo”. Es cierto que había perdido algún kilo más, que comía y dormía poco y mal, que se sentía débil de salud. Los dolores de cabeza eran continuos, la espalda no la dejaba acomodarse por las noches y que el nivel de estrés al que estaba sometida era devastador.
Soledad. Echaba de menos, sus dosis de soledad intencionada.
Últimamente habitaba más en un avión que en su hogar.  Las millas se habían vuelto sus compañeras y mientras el vuelo estaba a punto de tocar tierra se hace una promesa: parar el ritmo. Independientemente de que su historia ha cambiado, que ella ha cambiado, que ya no ve la vida como hace años la veía, que la relativización se ha convertido en una constante cada vez mayor en su visión de las cosas, se da cuenta que es feliz.
Feliz.  Y dejarme deciros amigos míos que encontrar la felicidad no es sencillo.
Ha encontrado su lugar, su gente que la quiere, su propósito. Se conoce a la perfección, ella misma más que nadie sabe lo que quiere y lo que busca. Y lo ha encontrado. Hace años tenia todo lo que ahora echa de menos y no se sentía llena. Sin embargo y sin saber la razón, ahora cada mañana se levanta con fuerza, impulso y motivación elevada a la máxima potencia a pesar de que necesita un cambio. Incongruencias de la vida, paradojas sin explicación.

Quizá si haya una explicación, pero ella simplemente la evidencie. Muy suya, siempre lo fue, misteriosa, intima consigo mismo,  mujer que reserva sus tesoros para que nadie los pueda sabotear. Una joven fuerte, luchadora e independiente. Muy independiente. Repelente de sentirse metida en una jaula, carente de dar explicación alguna, alma libre y rebelde, antagonista de la ley. Eso es lo que le falta. Le falta sentirse de nuevo propia de si misma. Se siente observada, cohibida y muy controlada. Quiere menos compartir y más reservar. Profundiza y manifiesta que nadie es merecedor del conocimiento de su interior. Muy suya. Muy fan del tiempo de calidad. Tiempo para ella y para nadie más. Tan hombre en muchas ocasiones, loca por la búsqueda de su cueva. Una cueva donde quiere correr para no volver, anhelando encontrar un momento de eso que llaman soledad.

sábado, 21 de febrero de 2015

Nicaragua conquistó España


Nuevamente recién aterrizada a ciudad extraña, por motivo fortuito me llevó a aquella iglesia un húmedo y caluroso día de Agosto. Hacia muchos, pero muchos, sábados que eso no pasaba. Últimamente nada ni nadie me motivaba y aunque estar en un lugar tan cálido y agradable como Miami no era algo que me entusiasmara, pensé que había que dejar atrás mi tierra y los pensamientos melancólicos para dar paso a una nueva aventura. Así comenzaba el cuarto año lejos de casa, un nuevo lugar, un nuevo hogar, nuevos amigos, un nuevo trabajo y, como consecuencia, una nueva vida.

Y menuda nueva vida me esperaba.

Me había hablado de ella y de su maravillosa familia en varias ocasiones, me había intentado meter por el ojo algo que no conocía y no sabía muy bien si quería conocer. Estaba en ese momento de la vida en la que no  quieres poner muchas expectativas en algo o en alguien para no hundirte más con decepciones. Me caracterizo por ser amiga de muchos pero íntima de pocos. Valoro la amistad hasta tal punto que soy muy fiel a mis auténticos amigos de siempre y cruzar las barreras de intimar con nuevas amistades me cuesta un mundo. Así que cuando acabó el culto, llegó el momento de saludar y socializar. Nada mas lejos de la realidad sería si dijera que estaba a gusto. Lo único que quería en ese momento era salir corriendo, es lo único que te apetece cuando tienes el corazón y la mente en una maleta sin deshacer procedente de España. Pero ahí estaba ella, como cada sábado, una mujer hecha y derecha, con sus taconazos y su planta elegante, en su estado de buena esperanza cumpliendo su séptimo mes y, además, cargando en sus brazos su primer varón de 3 años. Aunque la ignoré y no presté mucha atención, en aquel momento nunca imaginé que se convertiría en lo que hoy es en mi vida.

Poco a poco y sin darme cuenta, tras reuniones de jueves con amigos, alguna que otra noche de cine y varias tardes entre juegos y risas, entró mi curiosidad por conocerla más. Cuando tienes en tu vida un tipo de amistad que además cubre todas tus expectativas, o incluso un tipo de amor que llena todas tus entrañas, es difícil dar cabida a poco más. Sin embargo, tras un año duro, lleno de altibajos y de inesperadas decepciones, ella supo apreciar un hueco donde algo intangible quedó vacío. Muy observadora desde la distancia percibió algo enigmático en mí y aunque me consideraba complicada e inaccesible, luchó y decidió querer saber más y más de lo que había detrás de una mirada perdida y un corazón cerrado. Su interés diario desenmascaraba un amor incondicional que yo desconocía y que ahora viéndolo en retrospectiva después de mas de un año, solo puedo emocionarme de su sutileza y elegancia por conquistar mi corazón.

Y así lo hizo.

No sé cómo pero lo hizo, tampoco se cómo pudo conseguir llenar mi vida de color e ilusión o cómo pudo bailar junto a un festín de sentimientos perdidos, pero lo que si sé es que nadie ha conseguido lo que ella ha alcanzado: llenarme y lo mejor de todo es que ha sido sin apenas darme cuenta (pues no podría haber sido posible de otro modo). Quiero pensar que en la vida todo cambia, dejaré sorprenderme cada día como ella sólo sabe hacerlo. Quiero crecer junto a ella pues la paz que me transmite me hace sentir que todo saldrá bien. Quiero volver a llegar a sentir con todo el alma.

Sus miradas, su interés, sus preguntas, sus mensajes y llamadas, su tiempo a fondo perdido (o no tan perdido), despertó en mi esa parte que ya no estaba atendida por nadie, desde que me fuí a un país lejos de mi gente se había ido muriendo paulatinamente,  pero que aunque yo no quería verlo estaba creciendo algo dentro de mi. Se abrieron de par en par las fronteras, Nicaragua conquistó España tan rápido y tan profundo que de pronto todas mis miradas cabizbajas levantaron el vuelo para dar cabida a nuevos planes y sueños por cumplir.

Y cuando eso pasa, para mi ya no hay marcha atrás.

No es la altura, ni el cuerpo, ni la belleza lo que la hace una gran persona. Es el corazón tan grande que tiene, la humildad sincera que derrocha y la inteligencia emocional tan desarrollada que posee, lo que la hace tan sumamente especial para mi. Será que es una madre modelo, que me enseña su coraje para sacar a su hijos adelante. O será que es una mujer empresaria luchadora, que me enseña una ambición de superación inigualable. O será que es una esposa perseverante y paciente que me enseña a tener una actitud más amable. O será que es una cristiana fiel que me enseña su amor por Dios y a tener un corazón limpio. O será que es una persona tremendamente segura de sí misma, extremadamente educada y madura, con un saber estar envidiable y que me enseña cada día a ser mejor persona. O será que es una estupenda profesora de ingles, que me ayuda a mejorar y superar las barreras lingüísticas con su perfecto bilingüismo. O, indiscutiblemente, será que es la mejor de las amigas por su amistad incondicional que rompe las barreras de la gratitud y el cariño.  Será lo que sea, pero así es ella, diferente e irremplazable.

Y es que con el fin de ser irremplazable uno debe de ser diferente.

Fiel hasta los tuétanos, sagrada es para mi la amistad hasta tal punto que mis palabras no pueden describir algo tan sublime. Ya se fue ese deseo de partir para no volver, pues muy difícil será separarme de ella.  Me jodí. Ya nada será igual, ya sé que siempre tendré el corazón partido. La llevo tan dentro de mi, que ya no se podrá borrar tal sentimiento. Aunque esté lejos, sé que siempre la sentiré cerca, con sus gestos cálidos y atentos que siempre hacen sentir especial a quien tiene al lado.

Hoy, doy gracias a mi esposo, por presentármela. Agradecida es poco para decir como me siento. Gracias le doy por elegirme, por quererme con mis defectos y, a pesar de ellos, quererme aún más si cabe.  Por no intentar cambiarme aunque seamos diferentes, por demostrarme esa ternura que esconde diariamente. Gracias por prometerme que siempre estarás ahí, por ese gesto lleno de valor, por esa mano suave que me cuida, por ser una realidad en mi interior. La vida te sorprende con regalos improvisados y melodías perfectas que llegan al corazón.  Gracias por hacerme ver que soy tu inspiración, pero para mi es mayor la  bendición  de tener quien me inspire, y esa mi querida Amy, eres tu. “Pues nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” Juan 15:14

jueves, 4 de diciembre de 2014

La decadencia de una raza

Me encuentro a 35.000 pies sobrevolando Washington, algo que viene siendo demasiado habitual, pero con una simple diferencia, esta vez, he sustituido redactar informes, leer un buen libro o echar una cabezadita por cumplir uno de los deseos que mi esposo me pidió días atrás.

-Por qué no escribes? Hace mucho que no lo haces y te ayuda a reencontrarte contigo misma.

Haciendo eco de sus palabras y confesando que tenia mas razón que un santo (cosa que me irrita cada vez que sucede) aquí estoy tras año y medio de silencio, retomando uno de mis hobbies y satisfaciendo una de sus peticiones. Se que es incondicionalmente el fan numero 1 de este blog. 

En mis  momentos de reflexión,  llevo gestando un pensamiento desde hace varios meses, un pensamiento que pesa sobre mi conciencia, un pensamiento que podría resumir como la decadencia de una raza. Nuestra raza. 

Tras el éxito social que exploto por 2009 cuando Facebook dio el salto al éxito en su punto mas álgido, y tras previos fracasos como Myspace, Hi5 o similares, podemos afirmar que hubo un antes y un después en el mundo globalizado que existe dentro de este cibernético estilo de vida que llevamos, culminando a fecha de hoy con Instagram o Twiter. Se han llegado a ver todo tipo de videos de manera natural por la red donde vemos gente inmortalizando sus desvaríos fuera de lo común, pero que traen mucho morbo y se convierten en un social trading mas allá de lo que llamamos decencia. 

En los tiempos en los que vivimos, todo vale.

Seres humanos, aunque yo los etiquetaría como seres animales, graban mientras maltratan niños, asedian mascotas, contemplan con mórbido silencio seres humanos agonizando por  ayuda mientras continúan grabando por diversión o simplemente por capturar el momento que les harán ser los mas vistos en Youtube. Es preferible conseguir la mejor escena para compartirla, que plantarle cara a la justicia en ese mismo momento evitando así el sufrimiento instantáneo, aunque eso suponga no tener inmortalizada la escena. 

¿En que se esta convirtiendo la raza humana?

Ya no entendemos de respeto, la lealtad ha quedado en el olvido,  se ha esfumado la fidelidad. No me refiero exclusivamente a la infidelidad en la pareja (que también las hay, a montones), sino que al que un día llamábamos amigo, hoy ya no lo es. Al que ayer jurábamos amor eterno, hoy ya no existe tal sentimiento. Al que ayer predicaba desde un pulpito, hoy esta perdido envuelto por el pecado. En mi memoria revolotean versículos como el de Marcos 13:12, “Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo: y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán” y es que es así la sociedad en la que nos encontramos, que uno ya no puede confiar ni en nada ni en nadie.

Todo falla.

Es cierto que muchas veces nos convertimos en victimas de las circunstancias, alegando a estas como las razones para justificar nuestros cambios de rumbo, pero al final a todo cerdo le llega su San Martin. Hoy nos duele hacer lo éticamente correcto, mañana nos dolerá menos y llegara un punto que tendremos justificaciones que hablaran mas alto que nuestro discernimiento. Las personas cambiamos, eso es cierto. Cambiamos hasta tal punto que dejamos de ser completamente los que un día fuimos, para abandonarnos hasta tal punto, que nuestra conciencia ya no nos pesa lo mas mínimo, justificando que lo único que importa es la felicidad de cada uno.
Pero lo paradójico de todo este circo es, que aun así, no somos felices.

Buscamos la felicidad egoístamente alegando la importancia de estar bien con uno mismo para poder estar bien con los demás. Y nos convertimos en maquinas ególatras que realmente lo único que nos importa es el yo, el yo y el yo. Lo cierto es, que en este caso, el orden de los factores SI altera el producto, y es que para estar bien con uno mismo, lo primero deben ser los demás. Faltamos a nuestras obligaciones, nos dejamos llevar por nuestros deseos, somos desleales a nuestras promesas y alimentamos con nuestras decisiones diarias la sociedad del narcisismo llevado al extremo.

Ya lo decía Teresa de Calcuta, “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Aprendamos a no vanagloriarnos, a recapacitar que estamos haciendo con nuestras acciones y hacia donde vamos dirigidos y tras una pequeña pausa, coge aire, encuéntrate con nuestro Padre y recibe sus promesas como un día las aceptaste, pues entonces será cuando escuches su voz diciéndote:  “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor”. Mateo 25:23 

miércoles, 24 de julio de 2013

Cuatro letras son más que seis

Eres un desastre. Un autentico desastre. Tienes mucha desfachatez así como poca vergüenza. Te crees Dios pero no llegas ni a santo. Te crees libre pero vives enganchado a unas cadenas que tienen por nombre perdición, la perdición de tu propio egoísmo. Y llevas a muchos detrás de ello. Poco a poco. Lentamente. Con sutileza. 
Poco es decir el desprecio que siento por ti y por tu forma de llevar a la ruina la vida de muchos a los que amamos, a la ruina a cada uno de nosotros. Mentiras y calumnias disfrazadas bajo el manto de una verdad efímera. Llámalo trabajo, llámalo amor, llámalo sexo, llámalo X. Eres despreciable y más que todo eso, eres deplorable. Te presentas en nuestras vidas como el más mísero de los amigos, poco a poco, metiendo tu aguijón por la espalda sin que nada ni nadie pueda hacer nada al respecto. Te aprovechas de las vacas flacas de nuestras vidas. Golpe bajo. A eso en mi tierra se le llama Cobardía. 
Patetico.
Que sepas que hay algo más grande, con un nombre más corto y con mucha más fuerza. Cuatro letras son más que seis aunque en la mecánica cuántica esta ley no tenga sentido alguno. Te crees fuerte, incluso quizás seas el dueño de este mundo pero no del universo. Te crees el amo de nuestras vidas finitas pero no de las eternas. Ríes ahora, mientras nosotros lloramos por nuestras desgracias, desgracias ocasionadas por tu causa, pero llegará el momento en el que te perderás en el abismo de tu codicia y desaparecerás tan rápido como un caramelo en la puerta de un colegio.
Hipócrita. 
Llamas a la puerta con esa sonrisa fingida, nos enseñas quimeras inexistentes, nos pintas la holografía de una vida "perfecta" alegando felicidad eterna y control absoluto de un mundo que solo y únicamente tiene un dueño. Y, por más que te pese, tu no eres el afortunado de serlo. Nunca lo fuiste y nunca lo serás. Puede que ganes la batalla de mi vida, o la de la gente a la que tengo cerca o a generaciones enteras, pero no ganaras la guerra final. Porque tu no lo sabes, pero estas en el equipo de los perdedores. Aunque un día estuvieras en el de los ganadores, hoy por hoy y desde hace muchos años atrás has dejado de estarlo para pasarte al lado del fracaso. Tu y a todos los que arrastras hacia el cambio, cuando menos lo esperamos, cuando más necesitamos del apoyo y la comprensión, llegas como un beso en la frente, un vaso de agua fresca que al pasar por la garganta es gloria y con el paso del tiempo quema, quema hasta el punto de desgarrar por dentro. Es entonces cuando nos vemos metidos en una espiral sin sentido, consumidos por la perversidad y vileza que solo tu y los tuyos aportan. Porque no sabes más que eso, traer maldad a nuestras vidas. Y nosotros tan ignorantes, nos dejamos llevar, creyendo que es un derecho que tenemos. Derecho al tener control absoluto de una vida dada como un regalo y que ya por eso nos creemos con el privilegio de tirarla a la basura. Y encima lo sabemos. Pero seguimos haciéndolo. Encima nos gusta. Cada vez lo disfrutamos más y más, hasta verlo como algo normal. Algo intrínseco en nosotros, cual tabula rasa que viene dada bajo un standard de fabricación defectuosa. Olvidando lo que un día fue. Lo que un día aprendimos en la inocencia de nuestra niñez. Y lo más paradójico de todo este circo es que al final de la corrida ni eres más feliz, ni te sientes más libre, ni has alcanzado la grandeza por la que luchabas. Simple y llanamente, eres un esclavo de tus propios sueños que siempre serán eso, sueños, y encima inalcanzables porque has ido por el camino equivocado. 
Y entonces me rasgo la piel pensando lo ignorante que fui cuando deje que entraras en mi vida para dejarla patas arriba. Entonces me doy cuenta que soy humana, muchas veces autómata. Pero humana. Que aun tengo algo en mi materia gris que hace la diferencia y me da  la capacidad de rectificar. Que ya te has llevado a muchos por el camino que no tienen vuelta atrás porque no están, que hay muchos que están cual fieles súbditos a tus filas y que vendrán muchos más a los que te juraran una inconsciente obediencia. Pero hoy, aun estoy a tiempo. Solo espero no dejar "out of order" lo único que me queda, mi conciencia. Que mi capacidad de discernimiento para ese momento no haya dejado de ser eficaz y que no se haya fundido el indicador de peligro. Hoy, una vez mas, te planto cara. Déjanos vivir en paz. Olvídate de mi y de los que tengo cerca, porque yo no voy a dejar de caer de rodillas para orar. 
Y ante eso, nada puedes hacer. 
Quien quiera entender que entienda. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

A mi nadie me preguntó...


A mi nadie me preguntó hace tres décadas si quería venir a este mundo. A mi nadie me dijo si quería ser un perro con pedigree, una bicicleta de carretera o un frondoso árbol.  A mi simplemente me plantaron en una sociedad triste y sin sentido, donde la vida tan bonita que te pintan en las películas es toda una farsa. Me dejaron en forma humana en una sociedad en la que cuando intentas ser mejor y crecer, te cortan las raíces para convertirte en un ser desequilibrado y sin futuro.

Hoy y hace meses, Dios brilla por su ausencia. Por lo menos en mi vida.
Volvemos a lo de siempre. Tal día como hoy nos encontrábamos hace diez años celebrando tus últimas 75 primaveras. Hoy cumplirías 85 y seguirías tan preciosa como siempre. Con esa mirada que únicamente deprendía ternura y amor. Con esas palabras que llegaban al fondo del corazón y arrancaba con un aire huracanado cualquier dificultad en el camino. ¿Y de que sirve? Si tu te fuiste. Ellos se van. Todo se acaba. Esta vida es una broma de mal gusto. Y aquí nadie nos pregunta. Las cosas van pasando y aunque tu quieras ir a la derecha, tienes que ir a la izquierda. Aunque tu quieras tener cerca a la gente que amas, unos se van en contra de su voluntad y otros porque simplemente quieren joderte la vida. Nada es para siempre.
Hoy estoy cabreada, con el mundo y con quien lo ha creado.
Me he cansado de esperar. Me he cansado de ser paciente. Me he cansado de intentar hacer siempre lo correcto. Me he cansado de luchar por algo que no tiene ni principio ni final. Estamos ante un circo de títeres sin corazón. Ante un sin fin de veletas que cambian tu amistad por el primero que le baila el agua al son sinfónico de la falsedad. Hoy te quieren como lo máximo en esta vida, mañana desparecen  de tu existencia. Eso si, vuelven cuando algo va mal con el rabo entre las piernas o cuando la soledad grita tan fuerte que no escuchan ya la razón de su agonía. 
Yo he luchado hasta aquí por ti, por reencontrarme contigo. Pero después de tantos años que te fuiste, ya no sé ni lo que siento. Después de tantos sueños rotos y anhelos perdidos ya no tengo ninguna fuerza para continuar hacia adelante. He visto mucho y aquellos que un día prometían y parecían ser rocas y estandartes no han sido más que paja que se desvanece por el fuego de su egoísmo, sin atender a razones de los que detrás arrastran. Tu siempre has sido mi motivación y fortaleza y hoy apenas te recuerdo en la distancia con las manos desgastadas y el susurro de tu voz perdido en la distancia.
Y hasta aquí he llegado. Parar el tren de esto que llaman vida que yo me bajo.
Hoy empieza una nueva etapa para mi. Una etapa donde dejaré atrás el ejemplo y la auto disciplina. Una etapa donde la conciencia no tiene cabida. Una etapa donde mi amor no se convertirá en carnaza para los perros. Una etapa donde dejaré de luchar por nada ni por nadie. Una etapa donde recojo mis bártulos y me oculto de la presencia de aquellas personas que lo único que han hecho es desechar mi atención y cariño. Porque para esta sociedad, ser buena es como ser tonta. Y yo de tonta no es que no tenga un pelo, es que no tengo nada.
Hoy no escribiré una entrada repleta de monsergas y buenas intenciones y, sin que sirva de precedente, tampoco quiero que me las den.  Yo he leído mucho, he pasado mucho y he visto mucho. Mucho. Abstenerse, pues, de decirme una y otra vez que tengo un corazón que se me sale del pecho. Porque no quiero oírlo. Porque no es una garantía para protegerlo. Y porque requiere de una coraza que nunca nada, ni nadie debe traspasar. Ruego que me dejéis hacer estos cambios en mi vida y si probablemente no sabes más de mi, es porque quizá tu eres uno de ellos. Porque lo he intentado todo, me he tragado mi orgullo, me he sublevado hasta la base de mi humildad, con tan poco acierto que hasta aquí han llegado mis buenos propósitos. Cada uno acepta el amor que cree merecer. Y yo no merezco menos. Porque doy mucho más.  Dejar de mendigar la basura que ofrecéis y dárselo a los pobres desalmados que no desean nutrir su espíritu. Porque yo si quiero nutrir el mio. Y mucho.  No me conformo con la mediocridad que me dais haciéndome sentir vacía y hueca.  Solo son unos pocos, los que han estado ahí y, a todos ellos, os aseguro que cuando salga de esta y llegue a donde tengo que llegar, cada gesto que se haya hecho en mi favor será premiado. Sin embargo, no gratificaré a quienes no me apoyaron. 
Detesto la sociedad en la que nos ha tocado vivir donde la conveniencia corre a un ritmo tan devastador que ha hecho perder todos los valores que la gente haya podido tener. Mientras todos se arriman al sol que mas calienta, nadie se pregunta para que venimos a este mundo, al igual que nadie se pregunta cuando queremos desaparecer de él. En cualquier caso, tenemos solución a una de las dos preguntas. Y si Dios y sus promesas se desvanecen poco a poco de tu vida, la respuesta de una de ellas es simple y más que evidente.
Felicidades yaya, dicho sea de paso. Sinceramente, ya dudo mucho que nos veamos algún día.